Calisto, dopaje y abandono

Gonzalo Calisto
• Agosto 1, 2016 •

El caso del atleta de ultramaratón de montaña evidencia injusticias, olvidos y desidia

Fotografía tomada de la página de Facebook de Gonzalo Calisto. 

El 29 de agosto de 2015 el atleta ecuatoriano de ultramaratón de montaña Gonzalo Calisto cruzaba la meta del Ultra Trail de Mont Blanc, la competencia más prestigiosa de atletismo de montaña, en el quinto puesto. Calisto —que lleva más de diez años practicando este deporte— se ubicaba como el mejor sudamericano, después de atravesar 170 kilómetros, en 22 horas y 24 minutos, apenas 1 hora y 15 minutos después del ganador: el francés Xavier Thevenard. Al finalizar la competencia, fue sometido al control antidopaje de la carrera, llevado a cabo por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), de acuerdo a su reglamento. Casi un año después, el 26 de junio de 2016 la IAAF comunicó que Gonzalo había dado positivo en el control de dopaje del UTMB, por exceso de la hormona ERITROPOYETINA, cuyo efecto en el cuerpo humano permite aumentar la concentración de los glóbulos rojos y así los músculos reciben mayor oxigenación con la misma cantidad de sangre. El informe público de la IAAF —disponible en su web—, no indica en qué cantidad había sido encontrada, ni la forma de notificación de dicha prueba de dopaje a la Federación de Atletismo del Ecuador. Aun así, Calisto fue sancionado: suspensión de competencias internacionales por dos años. El reglamento de competencia de la IAAF determina que únicamente los atletas afiliados a las Federaciones Nacionales de Atletismo podrán obtener una autorización de uso terapeútico de una sustancia prohibida, esto quiere decir que por razones medicinales, más no de rendimiento, podrán usar estos compuestos.. De acuerdo a la información obtenida de la página web de la Federación Ecuatoriana de Atletismo, Gonzalo no se encuentra afiliado a ella.

Aquí es dónde surge el problema con respecto a la participación de Gonzalo. Al no encontrarse federado, no cumplía con los requisitos relatados en el artículo 4.1 del reglamento de competencias, en lo referente al control de dopaje: si Calisto quería participar, la organización del UTMB estaba obligada a hacerle firmar un formulario a través del cual aceptaba someterse a los controles antidóping de la IAAF. A través de un comunicado, en redes sociales, Calisto ha dicho que nunca lo firmó. 

Lo grave del asunto no sólo radica en que Calisto fue sometido a un control para el cual la IAAF no estaba facultada: no se trataba de un atleta federado, ni de uno que haya prestado su consentimiento para aquello. La propia participación de Gonzalo fue avalada sin las debidas formalidades -suscripción del formulario- que se requerían para participar en la categoría que lo coronó como quinto. El hecho de que Calisto no sea un atleta federado influye en extremo en la potestad de la IAAF para realizarle el control antidopaje y sancionarlo. Pero no sólo eso, los atletas federados, aptos para participar en estos controles, son sometidos periódicamente y fuera de competencia a controles antidopaje. De acuerdo al reglamento estos controles permiten realizar una ficha médica del atleta, la misma que es publicada por la Federación una vez al año.

El mismo reglamento de la IAAF requiere que la gestión de resultados antidopaje se notifique a la Federación del atleta (o al organismo encargado del mismo). Este requisito no se cumplió pues Calisto no tiene federación. El reglamento permite la revisión de la muestra de resultados adversos por parte de organismo encargado del atleta —federativo u otro—, procedimiento que, obviamente, tampoco se cumplió. Si se hubiera hecho, la Federación podría haber presentado una explicación del resultado, contrastándolo con otra muestra de Calisto, tomada por médicos y laboratoristas federativos. Todos estos resultados se habrían cotejado con la ficha médica del atleta —también denominado pasaporte biológico— para verificar posibles errores en la muestra de dopaje positivo. En el caso de Calisto, todos estos procedimientos se obviaron. Como no está federado en el Ecuador, se expuso a un fulminante proceso ante el cual no pudo ejercer defensa alguna. Ahora, Calisto está sumergido en un mar de críticas sin que la propia Federación Ecuatoriana de Atletismo diga nada.

El reglamento de la IAAF establece que todos los atletas tienen derecho a un juicio justo, siempre y cuando se encuentren federados: los procesos se llevan a cabo ante la Federación de Atletismo del país del competidor. Obviamente Gonzalo no pudo acceder a ningún mecanismo de defensa. Tampoco podía haber participado en la carrera, ni someterse al control antidoping, sin haber firmado el formulario. Una serie de negligencias administrativas están poniendo en riesgo no solo la carrera de Calisto, sino una reputación deportiva bien ganada.

Si Gonzalo se inyectó o no la hormona antes descrita es otra historia. Son inauditos los atropellos que ha sufrido, producto de una débil y endeble Federación de Atletismo que tiene a sus atletas de élite en el olvido (Gonzalo viajó solo y por sus propios medios hasta Chamonix, en los Alpes) y, hasta el día de hoy, no se ha pronunciado: ni a favor, ni en contra. No se pide ni indulgencia ni represión, sino una forma digna y justa de enfrentar un procedimiento de sanción en el que el principal derecho es el que atleta pueda defenderse con todos los recursos disponibles. Gonzalo Calisto no tuvo esa posibilidad: sobre él —un atleta amateur— cayó todo el poder de los organismos deportivos internacionales. 

La sanción en contra de Calisto es injusta. Son claras las distinciones que establece el reglamento entre atletas federados y amateurs o aficionados. La más importante: la ficha médica o el pasaporte biológico, en el cual el competidor registra todas las sustancias que le son suministradas para efectos de llevar un correcto control. La falta de profesionalización del deporte en Ecuador nos ha jugado una mala pasada, esta vez a Gonzalo en particular. La Federación Ecuatoriana de Atletismo está obligada a profesionalizar a los atletas que nos representan en competiciones internacionales, para evitar bochornos como este, que no sólo afectan el nombre de un gran atleta sino el del país.