Una precisión imposible para el ojo humano

• Agosto 9, 2015 •

¿Por qué la tecnología de los equipos de alineación BOSCH mejoran el desempeño y la seguridad de tus llantas?

El ojo humano no lo ve, pero las llantas de los automóviles no están completamente rectas. Tienen una serie de inclinaciones —que en conjunto se conocen como geometría de la dirección— y sirven para que el carro mantenga la orientación mientras avanza. Calibrar esos ángulos requiere un gesto de quirúrgica precisión. Por ejemplo, un error de medio grado puede hacer que el desempeño del sistema de dirección cambie por completo y se afecte el control que el conductor tiene sobre el vehículo, y haya un desgaste prematuro en las llantas o un mayor consumo de combustible. Encontrar las medidas perfectas de todos esos ángulos  es un trabajo imposible de calcular sin la tecnología de equipos como la alineadoras 3D FWA 4630 12CAM, 3D FWA 4510 2CAM y CCD y los sistemas de elevación de BOSCH especialmente diseñados para este servicio.

Es la tecnología de BOSCH la que alarga la vida útil de los neumáticos. La 3D FWA 4630 —fabricada en Alemania— mide las imprecisiones como ningún humano podría: Posee doce cámaras, dos de ellas miden la distancia central del vehículo y las 10 restantes toman 29 fotografías por segundo —la misma cantidad de fotogramas que graba una filmadora de televisión— capturan el movimiento de unos platos reflexivos (que vienen incluidos en la alineadora) que van colocados sobre las llantas. Su software compara los datos de las imágenes que obtuvo con la forma en que deberían reflejarse los platos si la dirección estuviera correctamente alineada, según el modelo y el año del auto. El programa, a partir de los sensores del hardware, simula tres dimensiones en la pantalla, lo que mejora la percepción de los ángulos, que funcionan en distintos ejes. Otro equipo de tres dimensiones de BOSCH, la alineadora FWA 4510 3D 2CAM, hace el mismo trabajo de simulación que la anterior, pero con dos cámaras, y no con diez. Las alineadoras CCD son sensibles: sienten las fallas en la alineación como las sienten los conductores cuando vibra el vehículo y funcionan con sensores que van montados sobre los neumáticos. Todo esto con el vehículo sobre una superficie totalmente nivelada que lo garantiza los sistemas de elevación Bosch .

La precisión de esta calibración es también una cuestión de seguridad. El cámber —llamado también ángulo de caída— existe por una razón: esa leve inclinación hacia adentro o hacia afuera —como dos lados de un techo, y que normalmente es de entre cero y cuatro grados— ayuda a que la llanta cubra la mayor superficie de suelo posible durante un giro. Le da al auto más agarre, y permite tomar una curva con mayor estabilidad.

En 2011 hubo una polémica entre una escudería de Fórmula 1 y el fabricante de sus neumáticos. En una prueba de clasificación del Gran Premio de Bélgica, el equipo se quejó de que las llantas se habían desgastado más de lo esperado en el extremo interior durante las rondas previas de la clasificación, poniendo en riesgo la seguridad de sus pilotos. El fabricante de los neumáticos se defendió diciendo que no se siguió su recomendación de que el ángulo del cámber no fuera mayor a cuatro grados, y los carros de ese equipo tenían medio grado más de inclinación. Una pequeñísima diferencia había puesto en peligro a los pilotos.

En la vida cotidiana, los riesgos no son tan extremos (porque no vamos tan rápido como coches de Fórmula 1), pero si el auto no cumple con los parámetros que establecen los fabricantes, el desempeño de las llantas se verá afectado: se desgastarán más rápido de lo normal. La geometría de la dirección de un automóvil está llena de esos pequeños parámetros. El cámber es solo uno de los tres más importantes ángulos, junto al ángulo de salida (que según el peso del carro será más o menos amplio para favorecer el giro de las llantas hacia los lados) y el ángulo de avance —también llamado cáster— que funciona con el mismo principio de las llantas delanteras de un carrito de supermercado: el brazo de mangueta —la parte que une la llanta con el resto del vehículo— está ligeramente inclinada hacia atrás para favorecer —por puro impulso físico de las llantas traseras— el regreso de los neumáticos a una dirección centrada luego de tomar una curva. Es el principio que se aplica cuando, después de girar, se suelta el volante, que regrese por cuenta propia a su posición inicial.

 

Para ir donde quiere el conductor, un auto necesita que cada ángulo sea el correcto. Los grados son como las notas musicales de una canción, si uno falla, fastidia a los demás: produce vibraciones. Un golpe, una caída, pueden modificar el cámber —por ejemplo— y hacer que el vehículo en movimiento tire hacia un lado, disminuyendo el control de la dirección, desgastando los neumáticos más de la cuenta y consumiendo más combustible, porque un motor que empuja hacia dos lados es una máquina que debe esforzarse más. Devolver las medidas a su estado original no es sencillo: cada auto tiene sus propios parámetros. Y para arreglar un ángulo que se ha desviado, no solo se requieren mecánicos preparados, se necesitan máquinas precisas y Bosch los tiene: son la alineadoras 3D FWA 4630, 3D FWA 4510 2CAM y CCD. Precisión quirúrgica que da seguridad y potencia el rendimiento de los neumáticos de tu auto.