La marcha de las Mujeres en Washington no es un principio y mucho menos un final

Una marcha para recordar lo evidente: los derechos de las mujeres son derechos humanos

Más de medio millón de personas marchamos el sábado 21 de enero de 2017 en Washington DC, el resto  el resto de los  Estados Unidos y el mundo. De diferentes maneras queríamos decir, feministas y orgullosos, que los derechos de las mujeres son derechos humanos. Se nos unieron defensores de otras minorías amenazadas por las políticas intolerantes, racistas, homofóbicas y misóginas de Donald Trump: los migrantes, los grupos LGBTQI y las minorías raciales y de culto. Marchamos como una forma de decirnos estoy contigo, sé lo que siente, estoy presente. 

Fue una bienvenida idónea para el Presidente que juró su cargo un día anterior. El ambiente fue festivo sin dejar de ser confrontativo, no solo con la nueva administración sino también con los que éramos parte de la marcha y las posiciones de privilegio que se hicieron visibles: el “privilegio blanco” y la interseccionalidad, las reconocidas en la marcha y también las ausentes. Carteles llenaban el paisaje con slogans como Love trumps hate; otros con ira, humor e ironía Nasty Women and Proud y Pussy grabs back. Sin embargo, fue algo desalentador ver carteles con la imagen de Trump besando a Putin usando la homosexualidad en forma de ofensa o haciendo referencia a sus “manos pequeñas” en forma peyorativa. Al reconocer al mandatario como síntoma de un sistema heteropatriarcal y de supremacía blanca que va más allá de él, no podemos darnos el lujo de perpetuar ideas obsoletas de la masculinidad y prácticas como el body shaming.   

Celebré el compañerismo, la solidaridad, el poder y el privilegio de marchar junto a tantas mujeres de todo el mundo, sus familias y amigos. Pero es vital no estancarnos en el sentimentalismo cuando lo que defendemos es trascendental y lo que exigimos es un cambio. Innumerables formas de opresión nos unen, esta marcha lo ha visibilizado pero es el compromiso diario, la autocrítica, la conciencia y la acción la que puede hacer que esto trascienda de un espectáculo conmovedor a un agente de cambios. La marcha de las Mujeres en Washington no es un principio y mucho menos un final.