Habitar los [diferentes] lados de una frontera de género

• Septiembre 3, 2015 •

La serie fotográfica Trans-meat cuestiona la sexualidad, el género y sus imaginarios quiteños.

María Emilia Escudero y Samuel Brown crearon su proyecto fotográfico Trans-meat cuando notaron que los temas de género casi no tenían espacio en Ecuador. Los artistas siempre tuvieron la inquietud de hablar sobre lo que significa ser mujer en Quito y, cuando coincidieron en la ciudad, se apropiaron de sus calles, casas, restaurantes y locales para cuestionar los fuertes estereotipos de la feminidad. Así, el objetivo de su muestra fotográfica creada en febrero de 2014 es evidenciar que el género es algo que se sale de las categorías binarias establecidas y que existen varias formas de expresar la sexualidad. Los dos artistas entienden el término trans así: como una forma de habitar todos los lados de una misma frontera. El nombre Trans-meat responde a que Sam —el performer— se transforma en varios estereotipos femeninos, sexuales y sociales para demostrar que el cuerpo y su carne puede ser moldeados para interpretar un rol en la sociedad.  

La muestra de las diez sesiones fotográficas que representan a diferentes mujeres en la ciudad de Quito fue presentada por primera vez en la galería del espacio Arte Actual de la Flacso el 26 de agosto de 2015. En la entrada de la exposición Trans-Meat se lee "No se puede obtener la pureza del ideal. Hasta la virgen debe fregarse las axilas”. Más adelante, enmarcada con un filo dorado en forma de trenza de pan está la primera foto: la quinceañera Madeinusa está sentada en un sillón azul, usa un vestido fucsia con pequeños brillos que parecen estrellas y una gorra blanca con letras de metal que dicen rich. En su mano de guante blanco y sostenido como si fuera un trofeo, un corazón de vaca. Al frente de esta foto se encuentra la imagen de una gallina desplumada con los ojos tuertos. La carne cruda es un elemento clave para cada una de las sesiones del proyecto porque es un recordatorio de que hasta los imaginarios más fuertes mueren. 

Sam y María Emilia utilizaron órganos de animales en sus fotos para humanizar a los estereotipos de la quinceañera perfecta, la oficinista delicada y la vendedora ambulante. Para los artistas, la carne representa el enfrentamiento de cada personaje con su mortalidad y con entender que la imposición de estos estereotipos sobre otros no durará para siempre. Esta representación, además, resalta que después de todo, las personas siempre están adoptando posturas y performando —interpretando un papel— como padres, madres, periodistas, profesores, mujer o varón, para pertenecer a un grupo en específico. 

En la mitad del corredor que une la primera sala con la segunda de la muestra, unos tacones negros —que parecen olvidados en el piso— interrumpen el paso. Esos tacones de quince centímetros de alto son los mismos que Sam utiliza en las fotos donde aparece colgando de un palo de stripper, vestido con lencería femenina y con un pulpo que abrazaba su sexo. Muy cerca de esta foto, está Sam vestido de virgen con un dildo rosado en las manos. Esta sala fue dedicada a la sexualidad femenina, con todas las implicaciones y formas diversas de ser mujer. Las imágenes son un punto central dentro de toda la exposición porque además de tratar un tema tabú en la sociedad quiteña, presenta otro tipos de sexualidades como la de las trabajadoras sexuales trans que ayudaron a los artistas a montar esta fotografía. Cuando Sam y María Emilia buscaban reliquias y objetos por los rincones de Quito, conocieron a cinco chicas trans que no sólo los llevaron a sus almacenes únicos pero también les contaron sus experiencias y dificultades como trabajadoras sexuales. De esos encuentros parte la minuciosa representación fotográfica de lo que significa ser trans en Quito.  

En la misma sala sobre la sexualidad, hay un retrato que parece perdido en el tiempo y en el espacio: unas resbaladeras para niños del Centro Comercial Unicornio en Quito. Cuando Sam y María Emilia montaron su obra, buscaron que las sesiones y sus principales temas se mezclen entre sí. Este tipo de contradicciones —sexualidad y niñez— en un mismo espacio son muy importantes para despertar una discusión sobre el tema. De esta forma ellos quieren que los que visiten la galería sientan la complejidad de las personas y que por más opuestos que parezcan los ideales, sí pueden habitar en un mismo cuerpo o espacio. Lo mismo hicieron durante la imagen de Che in Monroe, donde los artistas cuestionan los posicionamientos opuestos entre ideologías como el capitalismo y el comunismo. Este performance representó una reflexión de que, los imaginarios y los estereotipos jamás podrán llegar a su ideal de perfección y las personas siempre estarán cambiando. Así, en su foto del Che —un símbolo de una izquierda revolucionaria— los visitantes podrán verlo vestido de mujer y comprando en un supermercado repleto de productos de las grandes industrias. 

La instalación de una cabeza de chancho congelada únicamente para la noche de apertura de la sesión fotográfica Pig Mandarina fue lo primero que se veía al caminar hacia la tercera sala. Esta serie fotográfica es un paso que Sam y María Emilia dieron para hablar sobre cómo la discriminación y la opresión hacia la mujer también tiene mucho que ver con la clase social a la que pertenecen.

La intervención en lo cotidiano es uno de los elementos característicos de Trans-meat. Muchas tomas fueron realizadas en locaciones frecuentadas de Quito como un local de pollos Gus, una peluquería, una pequeña tienda y las calles del centro comercial el Unicornio. Sam lleva a sus personajes a lugares que son ajenos para los estereotipos que interpreta y los pone en el campo para ver qué pasa y cómo reaccionan las demás personas. Cuando realizaron la fotografía Caldo de gallina vieja en el local de los pollos Gus en el centro norte de Quito, Sam estaba puesto un vestido de seda chino y guantes de hule para lavar platos. Una señora, que no dejaba de mirarlos desde que ingresaron al local, se levantó y solicitó a los empleados del local que saquen a Sam del lugar porque no estaba con la vestimenta apropiada. De eso se trata la obra Trans-meat, de crear un enfrentamiento entre los imaginarios y la realidad. 

La exposición en Arte Actual es como un barco en el que los que lo visitan se mueven de un lado al otro buscando el equilibrio. Pero la estabilidad sólo puede encontrarse después de pasearse algunas veces por la galería para realmente entender cada una de las fotografías y familiarizarse con los elementos —como los azulejos del baño— que se ve todos los días en lo cotidiano. Trans-meat es colorida, promueve una fiesta y a la vez una discusión y todo esto en tres salas que a pesar de estar que está dividida por paredes, las obras se entrelazan entre sí.  Y es así como María Emilia y Sam intervinieron, rompieron con lo cotidiano y se enfrentaron con las reacciones ante un nuevo proyecto que habla del género y sus complejidades. Cuando ellos representan a los imaginarios femeninos en el cuerpo de un hombre las personas los miran, los cuestionan y no los comprenden. Al fin de cuentas eso es lo que su trabajo busca: romper con los estereotipos de género a través del performance. 

Cuando se cierre la muestra, Sam y María Emilia quieren viajar por las zonas rurales de Ecuador, para que el personaje de Sam pueda retratar otros estereotipos. Ellos creen que mientras más se alejen de la ciudad, más podrán representar a la mujer ecuatoriana en su trabajo y lo que Ecuador tiene para ofrecer.