Trump, el asesor del Alcalde, el fin de la corrupción y el nuevo normal

Mauricio Rodas
• Enero 16, 2017 •

En el mundo cada vez hay más personas que queremos saber la verdad y menos espacio para la mentira

Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0

El alcalde Rodas tiene un asesor poderoso que no es asesor. No consta en la nómina y tampoco tiene nombramiento. No cobra sueldo por sus actividades pero todos los concejales lo conocen. Y todos los asesores que sí cobran lo conocen. A nadie le parecía extraño que el señor entrara y saliera del municipio sin presentar una credencial. A nadie le parecía extraño porque así se manejaban las cosas. Era normal.

Luego el asesor que no era asesor es acusado de evasión tributaria. Por ahí se menciona que tendría algo que ver con los escándalos de corrupción entre la empresa brasileña Odebrecht y algunos funcionarios públicos, pero los cargos en su contra es no haber declarado su impuesto a la renta durante varios años. El Alcalde denuncia una persecución política contra el asesor que no es asesor acusado de algo que no tiene nada que ver con los escándalos de corrupción. Pero, según el Alcalde, es una persecusión política que amerita un viaje al exterior para exigir respuestas. Como los cómicos policías británicos Keystone Cops —que corren detrás de los malos, puerta a puerta, sin jamás alcanzarlos—, Rodas se fue a Washington a entregar una carta en el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Pudo haber mandado un correo, pero no: las cámaras lo vieron entrar. Luego fue a la Organización de Estados Americanos (OEA), organización ocupada con la crisis humanitaria en Venezuela, tan ocupada que su gerencia no lo pudo recibir para denunciar una persecución política. La persecución de su asesor que no es asesor acusado de evadir impuestos pero de ningún acto de corrupción. Es normal. Era normal.

En Estados Unidos, un soldado de bajo rango descarga miles de documentos secretos. Mientras lo hace canta canciones de Lady Gaga para evitar que sus compañeros sospechen algo de sus discos sin etiquetas. Entre los archivos se encuentra un video del asesinato de varios periodistas erróneamente identificados como terroristas. Los autores de la muerte se ríen mientras el polvo se despeja y pueden ver el resultado de su masacre. El soldado de bajo rango comparte los documentos con un hacker australiano convencido de que la privacidad no existe ni debería existir para nadie salvo para él mismo: exige que los voluntarios de su organización firmen acuerdos y que sellen su silencio legalmente. El australiano comparte el vídeo en YouTube y el mundo reaccionó al horror de la violencia. La violencia en el contexto era normal, pero descontextualizada con las revelaciones, lo que era normal cambió. El video representó el comienzo del fin de aquella guerra. El australiano luego recibió asilo en nuestra embajada en Londres, no por ser acusado de revelar documentos secretos, sino por haber violado a dos mujeres.

Poco después un programador americano aborda un avión en Hawaii y aterriza en Hong Kong. No es un hacker externo. No es un ejecutivo de alto nivel. Ni siquiera es empleado del gobierno: es contratista. Descarga millones de documentos y los entrega a periodistas reconocidos para que ellos redacten y publiquen sus contenidos. Su pasaporte es suspendido, debe viajar a Rusia con un documento del Ecuador, pero al último momento se lo niegan. Llega a Rusia, y ahí se queda. Las revelaciones contenidas en su PDFs harían caer el sistema de espionaje más sofisticado que el mundo conocerá.

Y después, una firma de abogados en Panamá hace negocios con millonarios de todo el mundo, pero no cree que es necesario invertir en la actualización de su página web. Un hacker cualquier encuentra la debilidad en su sistema de wordpress, la misma plataforma que usa la mayoría de bloggers del mundo, y descarga millones de documentos secretos. Dentro de aquellos documentos se encuentran los nombres de las personas detrás de cuentas anónimas hospedadas en los paraísos fiscales del Caribe. Gobiernos caen. Políticos anuncian su renuncia. Se abre un sin número de investigaciones de evasión tributaria. El Primer Ministro Británico explica con cara enrojecida por qué no constan aquellas cuentas en sus declaraciones. Echa la culpa a su papá. Al Presidente de Argentina también se le olvidó mencionar ciertas actividades económicas del pasado. Le echa la culpa a su papá. Antes era normal.

Resulta que llegamos a un punto de inflexión. En el Ecuador, el 50% de la población tiene cuenta activa en Facebook. Y mientras compartimos fotos de gatos asustados y videos de perros talentosos, también aprovechamos de la ubicuidad de la tecnología para denunciar las irregularidades del mundo viejo que, para mucha gente, no son tan irregulares, y de repente repensamos qué es normal, qué es regular. De repente el Concejo Municipal está muy ocupado exigiendo respuestas sobre las actividades de un señor con quién los mismos concejales habían negociado un sinnúmero de veces. Hace un mes se saludaban con él. Era normal. Ya no es.

Estamos, tal vez, viviendo el fin de la corrupción, o por lo menos el fin de la corrupción como lo hemos conocido en nuestro viejo normal. Con la llegada del Internet es cada vez más difícil esconder información porque una vez que se revela, su difusión es instantánea e irreversible. El soldado y el contratista, gente de muy bajo rango, pudieron acceder a información privilegiada que representaba una vulnerabilidad enorme para el gobierno más poderoso del mundo. Sus revelaciones tuvieron consecuencias y lo que llamó la atención mundial en cada caso fue la decisión de alguien —relativamente no importante— a hacer una denuncia y proveer las pruebas. En instituciones con miles de empleados obedientes, solo falta que uno tenga conciencia para cambiar el destino del debate político mundial. La corrupción requiere la colaboración de pocos y el silencio de muchos. El silencio de muchos es cada vez más difícil de asegurar.

La corrupción sobrevivirá, pero no en su forma actual. La corrupción ha sobrevivido en las Américas desde la llegada de Colón, pero está en decadencia. Cada vez que los seres humanos hemos descubierto algo —desde el que la Tierra no es el centro del Universo hasta las ondas gravitacionales recién anunciadas— sabemos que nuestra vida, nuestro universo, ya no puede ser entendido sin esos factores que se han sumado a la configuración de nuestra realidad. Y aunque nos gustaría ver un nuevo normal libre de corrupción, aún no podemos declarar la victoria porque los corruptos tiene una nueva estrategia: ahora que la corrupción es visible, lo que pretenden es que nos deje de importar. Para seguir aprovechándose de nosotros, como los corruptos ya no pueden esconder lo que hacen, van a intentar que ya no nos importe lo que hacen. Para ello, usarán los mismos medios descentralizados que provocaron su caída. Querrán convencernos de que la verdad no es absoluta sino relativa, y que los hechos son debatibles, las estadísticas cuestionables, y que nunca podremos saber nada con certeza.

Enter, Stage Left, President Donald J. Trump. 

                            No era normal. 

                                                                                                 Ahora, es normal.

Twitter Garry