“Soy abogado, no ingeniero”, la frase de Rodas que desnuda a los Quito Cables

Daniela Chacón Arias
• Junio 18, 2017 •

El mal manejo político de un conflicto social, las dudas sobre su viabilidad financiera y técnica, el proceso de contratación y la posibilidad de alternativas factibles menos costosas son sombras muy pesadas sobre el proyecto de transporte por cable que el alcalde de Quito promueve

Still de video insittucional de la alcaldía de Quito

Dos años después de lanzados, los Quito Cables tienen problemas de ejecución y un fuerte conflicto social. En mayo de 2015, el alcalde Mauricio Rodas anunció que se construiría la primera línea de transporte por cable de la capital del Ecuador, para resolver la movilidad del noroccidente de Quito especialmente de los barrios Jaime Roldós y Pisullí. Dudas sobre la viabilidad del proyecto y la oposición de varios moradores de los alrededores han retrasado la obra. Hay varias preguntas que responder sobre lo que sucede. Los quiteños necesitamos saber quién tiene la razón y, sobre todo, dilucidar, de una vez, si los Quito Cables son viables.

Para responder a estas preguntas hay que regresar en el tiempo. Cuando Mauricio Rodas lanzó el proyecto en el 2015, aún no habían estudios de prefactibilidad —y menos aún de factibilidad. Lo que había era la idea de que este tipo de transporte había sido implementado en otras ciudades con similar geografía a la nuestra y, por tanto, podía ser usado aquí también. Desde entonces se contrataron varios estudios técnicos y financieros y en octubre de 2016 se firmó el contrato de construcción de la obra Quito Cables línea Roldós-La Ofelia con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército del Ecuador con un plazo de 18 meses: en principio, en mayo de 2018, la obra debería estar lista para su operación.

Todo parecía marchar sin contratiempos: muchos dirigentes de los barrios del sector acompañaron al Alcalde, respaldando el proyecto. Unas pocas voces de los barrios de El Condado y  San José del Condado cuestionaban los cables, y Rodas calificó su oposición como un asunto de lucha de clase: los pelucones que viven en la urbanización privada (como el Condado) no querían que los pobres viesen sus piscinas en el trayecto a sus casas. Una muestra del gran liderazgo y la madurez del alcalde Rodas, sin duda.

No me comí el cuento de la lucha de clases, y fui a ver con mis propios ojos cuál era la bronca. Los cuestionamientos son muy graves: Primero, los cables se plantean como una solución para mejorar el transporte de estos barrios, sin embargo, analizando más a fondo la realidad de esta zona, no faltaba transporte, pues hay vías de acceso y varias líneas que sirven al sector. Por supuesto que el servicio podría ser mucho mejor porque adolece de los mismos problemas que en otras partes de la ciudad. El problema era de conectividad: las vías de acceso a los barrios del noroccidente desembocan todas en pocas salidas a la Occidental por tanto la congestión en horas pico demora sustancialmente sus tiempos de viaje.

Además, las líneas de transporte del sector movilizan a las personas a sus destinos sin tener que hacer más de un transbordo. Muchos usuarios se bajan en la avenida Occidental para dirigirse a otros puntos de la ciudad. Es decir,  un bus que sale de una estación cercana a su punto de salida (digamos, la casa) y en un solo viaje llega al centro (o lo más cerca posible del destino final) podría resultar una mejor forma de movilización: los buses se mueven de forma dinámica, el cable en cambio es estático: lo único que haría es llevarlo a uno a la salida de la Occidental o la estación de Ofelia, nada más; desde ahí se debe, necesariamente, tomar otros buses. Muchos de los usuarios que garantizarían una demanda suficiente —y por tanto su sostenibilidad—, deberían hacer dos o más transbordos para llegar a sus destinos finales, haciendo que prefieran a los buses, dejando al cable sin pasajeros suficientes para sostenerse. Los incentivos para hacer varios trasbordos y usar el cable podrían ser insuficientes y por tanto alentar transporte informal más eficiente. Esto es algo que ya ha sucedido con frecuencia en Quito. ¿Cuál es el real ahorro en el tiempo y en el costo de los pasajes que promociona la Alcaldía?

Algunas ciudades han implementado los cables como medios de transporte, sin embargo no todas han sido exitosas. En las ciudades donde el sistema ha fallado, ha sido por varios factores: no ha existido suficiente demanda de pasajeros que garantice la sostenibilidad financiera del sistema y los altos costos de operación y mantenimiento demandan altos subsidios por parte de las municipalidades. La baja demanda de usuarios se ha dado por la falta de dinamismo del sistema y porque ha aparecido transporte informal más eficiente.

En los lugares donde sí ha funcionado se han cumplido varias condiciones: las zonas beneficiadas no tenían vías de acceso para transporte, el cable se ha conectado con sistemas masivos de transporte como un metro, y también se ha vinculado con zonas de alto interés turístico que permiten subsidiar la operación y ha venido acompañado de grandes inversiones en mejoramiento urbano de los barrios beneficiados. En el caso de Medellín, esa inversión fue inclusive mayor que el proyecto de transporte en sí. En el caso de la línea Roldós-La Ofelia sólo está previsto el costo de construcción de la obra —alrededor de 44 millones— pero no hay una propuesta sobre el valor del subsidio y el modelo de gestión, y no se ha determinado el valor de las inversiones de transformación urbana que se ofrecieron. En realidad, Quito no conoce el costo real de la obra, lo cual es absolutamente necesario para determinar la viabilidad de la inversión y la transparencia sobre el uso de los dineros de los quiteños.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente: varios de los moradores de San José del Condado —que serían expropiados para la construcción de una de las estaciones, la de la Occidental— le han pedido al Alcalde una explicación de por qué la línea necesariamente debe afectarlos y por qué no usar otros predios de los alrededores con menor impacto social. Inclusive han señalado que estarían dispuestos a apoyar el proyecto si hay una respuesta satisfactoria a sus cuestionamientos y se instalan mesas de diálogo. Sin embargo, la respuesta desde la Alcaldía ha sido que los intereses individuales de pocas personas no pueden estar por encima del interés general. Éste es el principal conflicto social que tiene los Quito Cables y es lamentable que frente a los cuestionamientos, la reacción de la Alcaldía haya sido descalificar al interlocutor en vez de escuchar y resolver el problema. El discurso de que se escucha a los ciudadanos, es solo eso: un discurso, palabras sin aplicaciones reales.

Quienes se oponen, inclusive plantean alternativas de mejoramiento de las conexiones viales, de terminación de obras viales que se han suspendido sin razón y de mejora de los servicios de transporte público, incluyendo transporte sostenible, por un monto sustancialmente menor a 44 millones de dólares.

Volante difundido por los representantes de los barrios que se oponen al proyecto 

El proceso para la contratación de la obra y el cumplimiento de los requisitos legales no ha estado exento de polémica. La Alcaldía no ha sometido a la aprobación del Concejo Metropolitano las autorizaciones requeridas para que los predios privados sean utilizados para una estación de transporte público de la Occidental (justo la del conflicto). De igual manera, en la sesión del Concejo Metropolitano donde se dio la autorización para que algunos predios municipales sean utilizados para el proyecto, hubo una fuerte polémica por la participación de una concejal alterna que no obtuvo la autorización de su principal para ocupar su puesto y votar a favor del proyecto. Algo similar a lo que vemos continuamente en la Asamblea Nacional. Además, hay graves denuncias ciudadanas de que habría un direccionamiento en los términos de referencia de las cabinas para beneficiar a un contratista con quien habría un acuerdo previo.

Tal vez tenga respuestas válidas a todos estos cuestionamientos, pero Mauricio Rodas ha optado por hacer algo que se le ha vuelto costumbre: callar y mirar para otro lado. Rodas ha entrado a su cuarto año de gestión desesperado por mostrar alguna obra relevante que funcione. Y la desesperación es mala consejera. Caracterizar a este tema como uno de lucha de clases o de buenos contra malos, descalificar a los críticos y tratarlos con desdén no ha ayudado a disipar las dudas. “Soy abogado, no ingeniero” le respondió a Patricio Molina, representante de los moradores de San José del Condado, cuando —hace unos diez meses— le preguntó por los detalles técnicos de la ruta del cable. Después de semejante respuesta, el conflicto social sólo podía agravarse. Eso fue lo que ocurrió. Mientras tanto, las dudas sobre la conveniencia y costos de la obra crecen en argumentos y actores que se suman a los cuestionamientos. Del Municipio, en cambio, sólo tenemos la misma respuesta: una silencio ensordecedor que no responde las dudas que se ciernen sobre lo Quito Cables.