Mauricio Rodas, ni chicha ni limonada

Esteban Ortiz
• Julio 18, 2016 •

¿Es que Quito se merece que las cosas se hagan a medias?

Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC BY SA 2.0 

Entre decidir si es canguil o cabeza de canguil, si va o no a las reuniones de La Unidad de oposición o si detrás del Metro de Quito existe un proceso de adjudicación adecuado o no, el alcalde Rodas, su débil alianza SUMA-VIVE y sus concejales, nos mantienen en constante agonía por el futuro de Quito. La ciudad está claramente descuidada: Desde temas fútiles como decidirse entre brindar un espectáculo del “nivel de Viña del Mar” a los quiteños de manera gratuita o pagada, hasta temas trascendentales como empezar fugazmente  a construir la Solución vial Guayasamín aparentemente sin consensuar técnicamente con su equipo.  Quito está en manos de gente que tiene poca o nula capacidad de planificación.

La indecisión viene desde los quiteños que lo eligieron: no sabían si era un voto en contra del oficialismo o a favor de esta nueva figura política. Cuando Mauricio Rodas fue elegido como alcalde de Quito, sus ofrecimientos faraónicos despertaron una esperanza entre la oposición: vieron en él a un posible líder. Hoy un porcentaje importante de esos mismos ciudadanos sienten que el Alcalde los ha defraudado, principalmente por la falta de cumplimiento de sus promesas electorales, así como por la paupérrima planificación que se amalgama con su tibia actitud y un innecesario despilfarro publicitario.

Es solo cuestión de hacer memoria: ofreció demagógicamente mejorar el tráfico capitalino, que sigue (y seguirá) igual o peor. Quito es una ciudad que creció alrededor de un casco histórico de más de 500 años: así construyamos 100 puentes a desnivel, las cosas no van a cambiar sin propuestas claras que mejoren el transporte público. Rodas ofreció —y no ha cumplido— eliminar a mediano y largo plazo el famoso Pico y Placa (una medida por la cual los vehículos no podían circular según el último dígito de sus placas).  Dijo que construiría un tren de cercanías, otro ligero entre los valles, los ejes rápidos Este-Oeste, la vía Quito-Tababela vía Gualo, ofreció, además, un festival de la talla de Rock en Rio, la avenida 10 de Agosto del futuro o el plan de seguridad llamado Ángel guardián, entre otras. Hasta ahora nada de esto se ha cumplido, ¿o me equivoco? 

Muchos quiteños estamos hartos de una ciudad donde las obras se hacen a medias, en donde un puente peatonal en pésimo estado quiere ser  camuflado con flamante propaganda multicolor. Una ciudad donde se inauguró una mega obra como los Quito Cables, pero a ciertos barrios les falta alcantarillado. Las ciclovías (muchas mal diseñadas y mal ubicadas por la administración de Augusto Barrera) siguen igual o peor y los ciclistas siguen muriendo en las vías capitalinas. Y ya que hablamos de ciclistas,  no olvidemos que el aire que respiramos los quiteños viene cargado de monóxido de carbono,  un gas  potencialmente letal que contamina nuestro aire desde hace ya varias décadas. ¿Qué se ha hecho al respecto y por qué todos los días vemos buses, busetas y furgonetas escupiendo la nauseabunda humareda? A corto plazo lo que realmente falta es golpearnos en donde más nos duele, el bolsillo. endurecer las multas, si, los quiteños no aprenderemos a ser buenos ciudadanos hasta que el chip mental sea reseteado desde las generaciones más pequeñas, pero hasta tanto que hacer?  ¿por qué no multar aquellos conductores que contaminan la ciudad o arrojan basura? , son unas de las tantas deudas que tiene la alcaldía con sus ciudadanos.

Los problemas de Quito tienen raíces profundas y la actual administración no los ha sabido atacar de manera integral. Un ejemplo más gira alrededor de mejorar la población de árboles y espacios verdes. Con agrado he visto como los techos de las paradas del Trole servirán de jardineras o que la población de árboles en distintas autopistas  han aumentado. Paradójicamente y al recorrer la ciudad,  ese agrado se esfuma. Los espacios que deberían ser lindos jardines, adornando la ciudad, se vuelven verdaderos potreros en invierno y verdaderos desiertos en verano.  

No le da pena recorrer los numerosos pasos a desnivel de la 10 de agosto, en los cuales solo se percibe una pintura gris que maquilla sus paredes, en donde el smog y la basura hacen alarde de su descuido. Por qué no dedicar esas amplias paredes grises a la siembra de plantas colgantes  o destinarlas para arte callejero (entiéndase grafiti u otras expresiones). 

Por otro lado, la actual administración ha dado señales claras sobre la importancia que el bienestar animal representa. Sin embargo y tomando las mismas palabras del alcalde Rodas, en Quito,  el debate de las corridas de toros “no es ni chicha ni limonada”. El mismo alcalde ha dado claros signos de indecisión política sobre el tema corridas de toros.  Si los toros igual mueren en los chiqueros por qué no suspenderlas  de una vez por todas. ¿Por qué no  hacer ese mega evento musical nivel de Rock en Rio que tanto publicito en Campaña para mejorar la economía de aquellos ciudadanos  afectados por la pregunta 8 de la consulta popular del 2011 que trataba sobre los espectáculos donde se mataban animales? 

Los problemas de la ciudad son amplios. Lo que los quiteños buscamos es vivir mejor, que las decisiones tomadas por el cabildo sean amparadas en normas técnicas y consensuadas. No podemos darnos el lujo de empezar obras y después darnos cuenta que no serán una solución real, como aparentemente sería la  criticada solución vial Guayasamín.  No podemos vivir en una ciudad donde un puente peatonal luce como un basurero a medio construir pero su fachada consta de una flamante y colorida propaganda municipal. No podemos darnos el lujo de tener una megaobra como los Quito cables en barrios donde no existan otras condiciones básicas ancladas al desarrollo social, como la seguridad, la vialidad o el alcantarillado. Esperemos que en esta segunda mitad de su periodo, el actual alcalde reaccione y sepa cambiar  su rol: de un improvisado que “casi no conocía Quito”, como dijo su principal asesor de campaña, a ser un verdadero  líder, que tome y defienda decisiones técnicamente validadas, sin importar el precio que le pueda generar a sus intereses políticos.