Los hechos alternativos de Trump

• Marzo 29, 2017 •

La nueva administración del presidente de Estados Unidos tiene un pernicioso desdén hacia la evidencia y los hechos

Foto de Gade Skidmore bajo licencia CC BY-SA 2.0 

Antes de la elección

El presidente estadounidense, Donald Trump y su administración —con apenas dos meses en el poder— aún no tienen la intención de respaldar sus declaraciones con evidencia. Según el medio estadounidense The Star desde que se posicionó ha mentido 143 veces. No es noticia que la persona más poderosa del mundo ha estado promocionando diferentes teorías de conspiración estos últimos años: fue uno de los principales proponentes del birther conspiracy que cuestionaba la nacionalidad del expresidente Barack Obama. Lo hizo por primera vez en marzo del 2011 en el programa The View: “¿Por qué él no muestra su certificado de votación? Hay algo en ese certificado que a él no le gusta’’. Esta teoría surgió cuando Obama era candidato para el Senado en 2004 y empezaron rumores sobre la veracidad de su identidad religiosa (se denominaba cristiano) en blogs conservadores que se transformaron en rumores sobre su nacionalidad cuando se postuló a la presidencia. A pesar de que Obama mostró públicamente su certificado el mismo año (2011), Trump insistió en probar que era de Kenya. Quizás lo hizo en respuesta al discurso satírico de Obama que comparaba los intentos de Trump con promotores de famosas teorías de conspiración como el falso alunizaje en 1969.

Inclusive incentivó a hackers para que consigan los archivos de universidad del expresidente. Nunca se disculpó. Luego, en la contienda electoral —donde, se supone, su prioridad era agarrar los votantes desilusionados de Obama en 2008 y 2012—, intentó limpiar su imagen acusando a su contrincante —la candidata demócrata Hillary Clinton— de haber empezado el rumor. En realidad se refería a un coordinador voluntario en la campaña de Clinton que promovió esta teoría de que no era estadounidense, quien fue despedido enseguida. El “reconocimiento” que Obama era de hecho estadounidense fue suficiente para mover el voto de quienes había elegido a Obama y ahora votaron por Trump.

El presidente de Estados Unidos no solo tiene un visible problema de fatuidad, también cree que sus opiniones tienen más valor que la evidencia científica y los expertos. Una tendencia que pudiera tener consecuencias devastadoras y ha estado presente en el cambio de orden político en occidente, como se vio en la campaña del Brexit. En 2012 tuiteó que el cambio climático era un concepto creado por los chinos “para hacer que la manufactura de Estados Unidos no sea competitiva”. Trump lo dijo ignorando un consenso de más del 80% de científicos del clima en este tema. Incluso ha sido acusado por una científica e investigadora de borrar información científica sobre el Ártico relacionada con el cambio climático. Es como si para Trump es suficiente ser millonario y político (y no importa no tener experiencia o entender la ciencia climática) para hacer esos comentarios. Según la página de fact-checking Snopes, Trump ha mencionado al menos cuatro veces más esta teoría públicamente. El director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, Scott Pruitt, ha dicho que no está de acuerdo con que los humanos sean los principales causantes del calentamiento global. El esfuerzo constante por deslegitimar hechos y el ego de Trump hace pensar que es probable que no quiera aceptar la ciencia porque no quiere dejar de usar su spray para el pelo que perjudica la capa de ozono.

Pero si hay algo peor que hacer opiniones infundadas, es que sus seguidores le crean sin dudar. Esta no es la única instancia en la que ignora el consenso científico y la evidencia. En agosto del 2012 tuiteó: ‘’Las vacunas masivas combinadas para niños pequeños son la causa de un gran aumento en el autismo’’ imitando el mito infundado por personalidades de Hollywood como Jim Carrey y Rob Schneider, que fue refutado una vez y otra por estudios científicos. El grave efecto de lo que podría pasar si más personas dejasen de aplicarse vacunas se evidenció en el brote de sarampión que hubo en Disneyland (Orlando) en el 2015 causado, precisamente, por una falta de vacunación. En medio de la reacción de la comunidad científica, en una visita al Trump Tower, Robert F. Kennedy Jr —un conocido escéptico de las vacunas— dijo que el presidente-electo le había ofrecido presidir una comisión de seguridad e integridad de vacunación. Pero funcionarios de la administración han negado que esto haya ocurrido.  

En el transcurso de las primarias republicanas, Trump no dudó en desacreditar a su oponente presidencial republicano y senador, Ted Cruz, alegando que su padre estuvo junto a Lee Harvey Oswald poco antes de que asesinara al entonces presidente John F. Kennedy. A pesar de esto y un ataque a la apariencia física de su esposa, Cruz tuvo una cena con él, ya como presidente, que demuestra qué tan dispuestos están ciertos verdaderos conservadores a conseguir una cuota de influencia.

Su explícito aprecio hacia el cleptócrata del estado ruso Vladimir Putin y su intención de mejorar relaciones lo ha llevado también a rechazar la evidencia que provee la propia comunidad de inteligencia estadounidense e investigaciones de fuente abierta de ataques aéreos en Siria: los blancos de la coalición Siria-Rusa no están controlados por el Estado Islámico (EI). En uno de los debates presidenciales del 2016 cuando hablaban de la crisis en Siria, Trump dijo: ‘’No me gusta Assad, pero Assad está matando a ISIS, Rusia está matando a ISIS”. Según informes sobre la situación en Siria esto es, en el mejor de los casos, una afirmación desinformada. Mientras que el EI sí ha sido declarado como objetivo por parte de la coalición entre Siria, Rusia y milicias chiitas de diferentes países —financiadas por Irán— no ha sido el objetivo principal de esta campaña. El ex-portavoz del departamento de estado estadounidense, John Kirby, dijo en 2015 que más del 90% de los ataques de Rusia en ese año no fueron dirigidos hacia territorio controlado por el EI o por Al-qaeda en Siria. El mismo Putin dijo que entró al conflicto para combatir a ISIS pero en realidad fue para “rescatar” al régimen de Assad que parecía al borde del colapso. Las fuerzas de Assad y la fianza que pueden prometer son tan limitadas que dos tercios de su ejército está conformado por milicias extranjeras de Irak, Afganistán, Irán, Palestina y Líbano. Entre esas, milicias con extenso entrenamiento como la IRGC de Irán, y Hezbollah de Líbano, estableciendo una lucha sectaria donde los intereses de la inmensa mayoría de ciudadanos sirios son ignorados. La incapacidad del ejército sirio de proteger y controlar ha sido evidenciado además por la repetida pérdida, conquista y destrucción de la antigua ciudad de Palmyra y por el asesinato de un jefe de inteligencia de alto rango en Siria central por parte de Al Qaeda. Sin mencionar que esta alianza propuesta ignora por completo el contexto político de Siria, en el cual Assad ha usado armas químicas contra protestantes y envía escuadrones de la muerte para intimidarlos.

En lugar de criticar la débil y estéril política externa de Obama, la cual contó, entre otras cosas, con ataques con armas químicas y la captura de Mosul —la segunda ciudad más grande de Irak— por el EI, Trump acusó a Obama de haber creado el EI. No, no se refería al vacío político que dejó el derrocamiento de la dictadura genocida de Saddam Hussein y la retirada de tropas americanas que fue eventualmente llenado por yihadistas, se refería a que literalmente lo creó . Si tomáramos en serio lo que dice, entonces Abu Musab al-Zarqawi es sólo un figmento de nuestra imaginación.

Después de la inadvertida victoria sobre Clinton —una pésima candidata con una reputación de deshonestidad— todos estaban confiados en que una actitud presidencial iba a primar en la nueva administración, y de hecho empezaría a corregir esa tendencia de hacer aseveraciones infundadas. Poco sabían ellos que aquella actitud iba a tomar más fuerza e iba a contagiar a su devota administración.

Luego de las elecciones

Al día siguiente de la posesión se estrenó la nueva temporada de ‘’Trump vs Los medios. Esta vez, protagonizada por el nuevo portavoz de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer. En la primera rueda de prensa mencionó el número de personas en la posesión: “Esta fue la audiencia más grande que ha presenciado una posesión, punto, en persona y en el mundo”. Como si ser afirmativo es suficiente para probar algo, la primera intervención de Spicer demostró que este reconocimiento era solo un eufemismo para “lo que diga el querido líder tiene que ser verdad”. A su rescate vino Kellyanne Conway, estratega de la exitosa campaña y ahora asesora de Trump, quien en el canal NBC intentó legitimar la aseveración del portavoz. “Spicer dio hechos alternativos”, dijo Conway, canalizando su espíritu interno postmodernista de que la verdad es relativa y no hay una verdad absoluta.

Junkies del empirismo y honestamente cualquier persona que valore la evidencia, sabe que existen los hechos y las falsedades. No hay necesidad de caracterizar una verdad como alternativa cuando aquella es, de hecho, verídica. O si no se llamaría hecho. Por la misma razón la medicina alternativa tiene ese nombre porque si funcionara se llamaría simplemente medicina.

Una foto comparando las audiencias de la inauguración de Obama en 2009 y la reciente de Trump, es suficiente para ver que las aseveraciones de Spicer fueron exageradas (por no decir mentirosas). Nielsen, la compañía que estudia consumidores, declaró que la audiencia en la tele ni siquiera alcanzó los números de Obama en su primera elección. Sobre los viajes del metro en Washington que se hicieron ese día la autoridad respectiva reportó que fueron 570,557 mientras que para la primera inauguración de Obama esta cifra fue el doble.

Trump repitió las declaraciones de Spicer sobre el público en su posesión durante una visita a la sede de la CIA en Virginia, donde también intentó desmentir una declaración que había hecho días antes en la que comparó a la CIA con la Alemania nazi. Dijo que él y la agencia de inteligencia no tenían ningún conflicto y que los medios eran los culpables por haber malinterpretada su declaración. Este discurso de Trump en la CIA sucedió en frente del monumento que conmemora a los agentes fallecidos en su servicio.

Días más tarde, cuando la justicia americana bloqueó la orden ejecutiva de prohibición de viaje de migrantes dirigida hacia siete países del Medio Oriente y Norte de África, la asesora Conway intentó defender la medida refiriéndose a un ataque terrorista que nunca ocurrió. En realidad lo hizo varias veces. Después vino Spicer e incluyó a Atlanta como una de las ciudades afectadas por dichos atentados que nunca existieron. Al final el Presidente acusó a la prensa de no reportar ataques terroristas. La Casa Blanca intentó justificar las declaraciones cuando posteó una lista de 78 supuestos ataques que no fueron cubiertos. Pero resulta que la prensa sí cubrió la gran mayoría de dichos atentados. En la última instancia de su estrategia no factual, acusó a Obama de haberlo espiado en la contienda electoral. Como era de esperarse, lo hizo sin ningún tipo de evidencia. El FBI aclaró enseguida que dicho espionaje nunca existió. Ni siquiera quien preside la Comisión de Inteligencia de la Casa Blanca apoyó las acusaciones.

Influencias

Para encontrar las posibles conexiones e influencias que han llevado a Trump a hacer declaraciones obviamente falsas, hay que revisar la incidencia que tienen sus dos amigos: el consejero Roger Stone, y Alex Jones, conocido conspiranoico . Jones ha dicho cosas como que el atentado de 9/11, el de la maratón de Boston y el ataque en Sandy Hook fueron una conspiración en cubierto orquestada por el gobierno estadounidense. Desde su concepción, el sitio de Jones —Infowars— promueve teorías de conspiración. Últimamente las que alegan que hubo un fraude electoral en donde millones de personas ilegales votaron —teoría que el nuevo presidente defiende— y que la prensa ha estado evitando cubrir atentados terroristas. Trump hizo una aparición en su programa en plena campaña electoral, en la cual elogió a Jones: “Tu reputación es asombrosa”. También le aseguró que no lo iba a defraudar. Esta escalofriante relación es sólo una de las cosas de las que Trump debe deshacerse si quiere conseguir algo de credibilidad.

Irónicamente Trump se queja de la deshonestidad e imprecisión de ciertos reportes en los medios sin notar que él es prisionero de esa misma actitud. Esto no quiere decir que todo lo que dice es mentira. No es el caso. O que debemos aceptar cualquier cosa que se publique los medios sin antes verificarlo. No significa que la respuesta apropiada debe ser una exageración histérica sino que debería haber debates razonables. Tampoco es cierto —como algunos están ansiosos en afirmar— que está tratando de implementar un sistema totalitario como el del IngSoc, que controlaba todo el flujo de información en el libro 1984 de George Orwell. Estar equivocado es normal. Los problemas son que no muestra la intención de rectificarse y que no es cualquier persona, es el Presidente. Saber aceptar un error es símbolo de honestidad intelectual y él como la persona más poderosa del mundo, el líder del mundo libre, tiene que demostrarlo. Tomar decisiones que no están influenciadas por la evidencia y opinar erróneamente sobre cosas que no sabe, puede tener consecuencias perjudiciales además de afectar la confianza con los ciudadanos y con sus aliados. Por supuesto que no es el primer presidente en mentir, posesionar gente de poder económico en su gabinete o despedir a todos los embajadores, pero para consolidar el cambio que promete debe evitar cometer los mismos errores que critica.

¿Cómo pueden los líderes del mundo confiar en lo que dice Trump, sí en dos meses su administración ha hecho ya constantes esfuerzos de hacer declaraciones que no tienen ningún tipo de base para sostenerlas? ¿Cómo pueden los ciudadanos estadounidenses confiar en su presidente cuando él le da validez, sin ironía, a alguien que piensa seriamente que el gobierno americano tiene un plan secreto para hacer que las ranas sean gays y que piensa que Clinton es literalmente un demonio, mientras ignora lo que dicen los expertos sobre problemas urgentes? No pueden. Tendrá que ser una confianza basada sólo en la fe hasta que empiece a demostrar un cambio continuo hacia intentar hacer aseveraciones más informadas. La idea de que Trump sería una incertidumbre es refutada cada vez que implementa lo prometido en campaña.

Si alguna cosa es segura con esta nueva administración —lo cual debe ponerlo feliz dado que sólo pasa hablando de crear empleos— es que el trabajo de fact checker va a aumentar y van a tener un año muy ocupado.