De lamentos está lleno México

• Octubre 26, 2015 •

Enrique Peña Nieto parece no entender lo mal que le va al país que dirige 

Ilustración de Presidencia de la República Mexicana bajo licencia CC  by 2.0. Sin cambios

“Lamentablemente hay más pobres”, dijo el presidente de México, Enrique Peña Nieto, el 15 de octubre de 2015 en un evento ante cinco mil ciudadanos y la sorpresa de la prensa. ¿De veras admitió que hay más pobres? Para los periódicos opositores, principalmente, ha sido la mejor cita —en muchas semanas— para un titular relacionado con el gobierno federal. La admisión de lo que ya no se puede negar: que su gobierno no ha dado buenos resultados. Lo que pasa es que a Peña Nieto se le está acabando el programa de gobierno que propuso en campaña y lo rebasan problemas cada vez más acuciantes que no puede resolver —como la inseguridad y la caída del peso frente al dólar—.

Su administración inició —en diciembre de 2012— con un entusiasta “Pacto por México”, firmado por las fuerzas políticas más importantes del país, para mostrar que habría unidad y que los logros vendrían pronto. De acuerdo con la página oficial, el pacto tenía cinco ejes rectores: sociedad de derechos, crecimiento económico, empleo y competitividad, seguridad y justicia, transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción, y gobernabilidad democrática. El “Pacto por México” se convirtió en el primer paso del gobierno para comenzar a difundir su frase estelar: “Mover a México”. El problema es que nunca quedó claro hacia donde quería moverlo Peña Nieto.

A pesar de haber llegado a la silla presidencial apoyado por una minoría (38%), y después de una contienda plagada de manifestaciones juveniles específicamente en su contra, Peña Nieto logró sobrellevar, no tan mal, sus primeros meses. En febrero de 2013 su gobierno detuvo y encarceló a Elba Esther Gordillo, la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) —el sindicato más grande de Latinoamérica—, quien se había enriquecido ilícitamente durante años con prácticas que todos sabían pero nadie se atrevía a denunciar. Un año después fue recapturado Joaquín “el Chapo” Guzmán, el narcotraficante más buscado del país y uno de los más buscados en el mundo. Ese mismo mes la revista Time en su versión internacional le dedicó su portada que destacaba las reformas estructurales que el gobierno de Peña implementaría para mejorar el país. Hasta en términos económicos no iba tan mal: el tipo de cambio respecto al dólar alcanzó un mínimo de 11.95 pesos en mayo del 2013 y el desempleo también fue a la baja durante el 2014, cuando llegó a 3.8%, el índice más bajo en lo que va de su sexenio.

Pero el espectáculo se le iba a caer pronto. El 26 de septiembre de 2014 cuarenta y tres jóvenes estudiantes desaparecieron y otros seis fueron asesinados por policías y sicarios, una masacre que ya es recordada en las páginas de la historia negra del país. Esa noche el gobierno de Peña quedó anegado por la desgracia. La masacre de Iguala fue la muestra de que el gobierno no tenía más estrategia contra la inseguridad que callar la opinión pública. La masacre de los jóvenes llamó la atención sobre otros hechos poco atendidos como el presunto asesinato de civiles, dos meses antes de Iguala, a manos del ejército en el municipio de Tlatlaya, en el Estado de México. El nulo avance en las investigaciones acrecentó el descontento. Ha pasado más de un año y aún no hay explicaciones, nadie sabe qué pasó con los cuarenta y tres estudiantes.

Y ahí no acabaría. El presidente no visitó el lugar de la tragedia a pesar de las críticas, porque lamentablemente tenía un compromiso diplomático más importante en China. En noviembre de 2014, mientras estaba fuera, la periodista Carmen Aristegui —una de las más importantes del país— y su equipo publicaron una investigación que mostraba conflictos de interés del Presidente con una compañía inmobiliaria (Grupo Higa), que se había beneficiado con contratos que en suma le habían dado más de ocho mil millones de pesos (algo así como 482 millones de dólares al tipo de cambio de hoy) durante su cargo como gobernador del Estado de México, antes de ir por la presidencia. Dicha compañía, perteneciente a amigos de Peña Nieto, construyó para él y su familia una mansión de siete millones de dólares que no está a nombre de Peña y que no aparece en su declaración patrimonial, pero es donde habita su familia y de donde se lo ha visto salir muchas veces. Grupo Higa ya había ganado su primer contrato de la era presidencial, la construcción del primer tren de alta velocidad en México, pero la licitación fue cancelada días antes del destape del escándalo porque la economía daba los primeros signos de debilidad. Ante la presión, la esposa del presidente sostuvo —en un video publicado en YouTube— que la casa era de su propiedad y que la había comprado con el producto de su trabajo como actriz de la empresa Televisa. Una dudosa explicación ante la evidencia de amistad entre Peña y los dueños de la inmobiliaria y el historial de beneficios que Peña había dado a dicha empresa durante su gestión como gobernador. A las pocas semanas, su mano derecha, el actual secretario de hacienda y crédito público, Luis Videgaray, también fue expuesto por una investigación del Wall Street Journal que revelaba la compra de una mansión a la misma inmobiliaria a un precio por demás bajo comparado con el de mercado. Meses después la periodista Aristegui sería despedida de la radiodifusora en donde mantenía su programa, luego de que separaran de sus cargos a algunos miembros de su equipo por usar el logo de la empresa en un proyecto anticorrupción sin autorización, y ella exigiera su restitución inmediata. Para muchos mexicanos Peña movía su fuerza para acallar la oposición. México cerró el 2014 con dos millones más de pobres que en 2012 de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), y una deuda neta de 5.4 billones de pesos, 1.1 billones más que al terminar el 2012.

A Peña no le importaron los pobres, ni los desaparecidos, ni los escándalos por conflictos de interés, y en marzo de 2015 llevó a toda su familia a un viaje oficial a Inglaterra, en el que su esposa usó vestidos que en su conjunto representaron un gasto de alrededor de siete mil ochocientos dólares. Sofía, una de sus hijas, la superó al portar, en ese mismo viaje, un solo vestido valuado en siete mil trescientos dólares. Cantidades inauditas para un país en el que el salario mínimo por jornada de trabajo es de poco más de cuatro dólares.

Una de las razones por las que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) logró regresar al poder en 2012 con Peña luego de doce años de alternancia, fue la guerra que el último presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón, declaró al crimen organizado, y que según el semanario ZETA dejó poco más de ochenta y tres mil muertos. Sin embargo, la historia de Peña Nieto muestra que las cosas van peor. El mismo semanario reporta 57 mil 410 homicidios dolosos a treinta y dos meses de gestión de Enrique Peña Nieto, cifra muy superior a los 33 mil 347 en el mismo periodo del sexenio anterior, y que de seguir así terminaría en 2018 con alrededor de 130 mil asesinatos.

Cuando la atención se empezaba a desviar de los errores del Presidente, la noche del 11 de julio de 2015 vino otro golpe para el gobierno priísta cuando “el Chapo” Guzmán, gran logro de los primeros meses del gobierno, se escapó de manera patética de una prisión de máxima seguridad por un túnel en su regadera. Los videos muestran la ineptitud de los oficiales que tardaron veinticinco minutos en darse cuenta que el reo no estaba y tres horas en activar la alarma. Peña Nieto había dicho en una entrevista con el periodista León Krauze para la cadena Univisión que sería “imperdonable” una nueva fuga del Chapo, pero desde París, en donde se encontraba para participar en la ceremonia del día de la Bastilla, dio una conferencia de prensa en la que lamentó el escape y  dejó ver que no haría efectiva su declaración. Un mes antes la revista británica The economist había publicado un artículo titulado “El lodazal mexicano: un presidente que no entiende que no entiende”. Tenía razón, Peña Nieto no entendió y eligió quedarse en los campos eliseos para disfrutar del desfile. 

El 2 de agosto del 2015,  Rubén Espinosa, un fotoperiodista incómodo para el gobierno del estado de Veracruz, fue asesinado luego de varias semanas de haberse exiliado en la capital debido a las amenazas que sufría en Veracruz producto de su labor periodística. La indignación de la prensa fue mayor cuando se supo que la principal línea de investigación de la Procuraduría de Justicia se centraba en un posible robo y no a un intencionado ataque contra Rubén debido a su profesión, por lo que él había expresado temor públicamente durante meses. Así, México confirmó su puesto número 7 en la lista de países con mayor impunidad en cuanto a crímenes contra periodistas de acuerdo con el Comité para la Protección de Periodistas.

Con todo esto, no sorprende que la última encuesta de Buendia & Laredo —una de las encuestadoras más importantes de México— sobre Peña haya mostrado que la aprobación del gobierno es de 35%, su punto más bajo desde que inició el sexenio, y que el 63% de los ciudadanos piensa que el país va por mal o muy mal camino. El resumen de un gobierno rebasado por los problemas, que no supo modificar la agenda o se le acabó muy rápido; un gobierno que no actúa, solo lamenta.