Jorge Glas, cada vez más cerca de su destino

En una sesión brevísima y sin debate, el Legislativo ecuatoriano decidió autorizar la vinculación del Vicepresidente de la República Jorge Glas a una instrucción penal por asociación ilícita dentro del caso Odebrecht. El futuro del zar de los sectores estratégicos está a punto de decidirse.

Fotografías de la agencia de noticias Andes bajo licencia CC BY-SA 2.0

Cada vez Jorge Glas está más cerca de conocer su destino. El viernes 25 de agosto de 2017, 128 legisladores presentes en el pleno de la Asamblea Nacional, votaron de forma unánime para autorizar el juicio penal en contra del Vicepresidente. Con esa autorización, la Corte Nacional de Justicia —tribunal encargado de juzgar a Glas por su cargo—  podrá llamar a audiencia para que la Fiscalía presente sus argumentos y Glas sea formalmente vinculado en el caso Odebrecht por asociación ilícita.

Fue una jornada breve, distinta de las largas sesiones a las que el Legislativo ecuatoriano está acostumbrado. Duró apenas una hora. En comparación, la explicación de Glas ante la Comisión de Fiscalización de la Asamblea duró el triple.

A las tres y veinte de la tarde, Libia Rivas, Secretaria General de la Asamblea, inició la sesión leyendo el requerimiento enviado por la Corte Nacional de Justicia. En el documento se incluyen los elementos de convicción que sustentan el pedido de que Glas sea vinculado al proceso. Entre ellos, las versiones de otros exfuncionarios del gobierno de Rafael Correa: Carlos Villamarín, exsubrecretario técnico de Senagua y Alexis Mera, exsecretario jurídico de la Presidencia. Además se incluyen los informes técnicos periciales con los chats, audios y videos relacionados al caso. 

El caso Odebrecht, en manos de la Fiscalía, tiene cuatro instrucciones abiertas: una por concusión (en contra de Carlos Pólit), dos por lavado de activos (en una está procesado el exministro de Electricidad Alecksey Mosquera) y una más por asociación ilícita. Esa es en la que se vinculará a Glas. Se inició el 2 de julio de 2017 cuando la Fiscalía realizó doce allanamientos en Quito, Guayaquil y Latacunga —uno de ellos al domicilio del entonces contralor Carlos Pólit— y detuvo a cinco personas, entre ellos a Ricardo Rivera, tío del Vicepresidente.

Desde que se hizo pública la información relacionada a la trama de Odebrecht, en diciembre de 2016, el nombre de Glas ha sido señalado en varias ocasiones. Eso, porque los contratos con la compañía brasileña son, en gran medida, megaobras en los Sectores Estratégicos, de los que Glas estuvo a cargo desde 2013 hasta mayo de 2017, cuando terminó su primer período como vicepresidente.

Si por algo se ha caracterizado el poderoso Movimiento País es por su espíritu. Su espíritu de cuerpo. Para blindar, al menos hasta donde más se pueda, a los altos funcionarios envueltos en denuncias de corrupción. Pero a Glas ya no se lo pudo proteger en la Asamblea. La presión de la opinión pública es tan fuerte que él tuvo que adelantarse a pedir a sus coidearios en el Legislativo que autoricen su juicio en la Corte Nacional de Justicia. Así lo hicieron. La asambleísta de Alianza País Marcela Aguiñaga se encargó de aclarar, mediante un comunicado, que lo hace por el pedido expreso de Glas. No porque la Fiscalía, un poder en teoría independiente, haya encontrado indicios suficientes para vincularlo, ni porque podría hablar de la convicción fiscalizadora de la Asamblea, sino para que él limpie su imagen. Es como si a Aguiñaga le importara más la imagen de su coideario que la transparencia en un tema tan delicado como el caso Odebrecht.

En la sesión del 25 de agosto, José Serrano, presidente de la Asamblea, ante el pleno legislativo, recapituló los logros de la llamada revolución ciudadana, como si con eso se pudiera olvidar el caso por el que estaban reunidos ese viernes. Habló de Salud, Discapacidades, Educación, Vialidad. “Pediremos que la justicia investigue todo, siempre en el marco de la presunción de inocencia”, dijo. Mientras tanto, los asambleístas de oposición pedían a gritos que se abriera el debate; del otro lado, los de País, exigían votación. La primera vicepresidenta de la Asamblea Viviana Bonilla, quien presidió la votación para que Serrano pudiera intervenir desde una curul en el pleno, exigía respeto. Serrano dijo que no aceptarán un linchamiento mediático a Glas. Repitió el viejo argumento —bastante repetido y trillado por Correa— de que hay un sector que conspira contra el gobierno y sus avances. “Confiamos en la inocencia del Vicepresidente mientras no se demuestre lo contrario”, concluyó Serrano. Los legisladores de su bancada se acercaron a abrazarlo y felicitarlo mientras la oposición gritaba exigiendo votación. Durante un momento se hizo el caos en el pleno: se apagaron las luces y desde el espacio exterior en el que los medios se agolpaban para hacer la cobertura, se perdió la visibilidad para cámaras de fotos y video.

La escolta legislativa se movilizó para evitar que la oposición se acercara a la Presidencia y Vicepresidencia. Serrano insistía a la secretaria Rivas que procediera a la votación y finalmente, en medio del malestar de la oposición, se pudo votar. Fue unánime. Todos votaron en favor de autorizar el juicio al vicepresidente Glas.

Cómo convencido de que al mal paso había que darle prisa, todo terminó ahí. José Serrano se apuró en salir, acompañado por una buena parte de su bancada. Iba a dar una rueda de prensa que en realidad fue una declaración porque en las ruedas de prensa los periodistas hacemos preguntas y este no fue el caso: “El Vicepresidente podrá defenderse ante la justicia y no ante linchamientos mediáticos”, dijo muy brevemente redundando en lo que ya había dicho en el pleno. Se dio la vuelta y antes de que se marchara un periodista le preguntó a gritos por qué no había dado paso al debate. Visiblemente molesto, respondió con otra pregunta: ¿Usted cree que había condiciones para debatir? Sin más, se marchó, rodeado de coidearios que gritaban: unidad, unidad. La pregunta que quedó en el aire era unidad en torno a qué. O a qué costo.

Pocos minutos después, salieron del pleno un grupo de asambleístas opositores. Mae Montaño sostenía un cartel caricaturesco. A su lado Jeannine Cruz, Ana Galarza y Roberto Gómez, todos del movimiento CREO, gritaban ‘preso, Glas, preso’.

De a poco, se fueron dispersando todos los asambleístas. Algunos rezagados daban vueltas esperando que algún medio los entrevistara. La incondicional del régimen, Soledad Buendía, aprovechó la presencia de periodistas en el sitio para volver a respaldara Glas. “Nosotros no damos paso al show político” dijo, respondiendo a la pregunta de por qué no permitieron el debate.

En la calle, el panorama era distinto a lo que suele ser cuando País tiene jornadas extraordinarias en la Asamblea. Tarimas, músicos, baile, gente. Nada de eso hubo esta vez. Apenas unas diez personas gritaba en favor de Glas. Uno llevaba un cartel que decía ‘Vicepresidente te apoyamos. Creemos en tu inocencia. Fuera las ratas de CREO’. Frente a ellos, un grupo similar, cargaba unas figuras de esponja que emulaban unas ratas grises, y gritaban consignas en contra de Glas y País. En poco tiempo, la calle quedó desierta. La semana terminó, pero el desenlace sobre el futuro de Jorge Glas aún parece que tardará un par de capítulos más. Lo seguro es que con esta decisión de la Asamblea, el Vicepresidente se acerca un poco más hacia lo que será su absolución o su condena.