Una Hillary ecuatoriana (Primera Parte)

• Abril 27, 2015 •

¿Cuál es el perfil ideal para que una mujer sea presidenta en el país?

Toda sociedad se traslada sin retorno desde lo tradicional hacia lo moderno. Cuando a veces concluimos que una población es conservadora es porque la comparamos con una referencia más moderna. Esa es es una lectura parcial, estática, atemporal: inútil. La dinámica de la sociedad no es más que una consecuencia de un progresivo desarrollo de la educación formal, la introducción y el uso de la ciencia y tecnología, el fortalecimiento de instituciones y la democracia. La velocidad de esta dinámica varía. Muchos teóricos y empíricos discuten qué factores hacen que algunas poblaciones vayan más rápido que otras, qué hace que algunas asimilen mejor el desarrollo. Sobre lo que no hay discusión, al menos en Occidente, es sobre el rol de la mujer en esta dinámica: una sociedad que se considere medianamente moderna, le asigna un rol equitativo, le permite participar libremente en política, negocios, ciencia, academia y organismos sociales. Quien limita los derechos de la mujer no es más que un retrógrada que prorroga su círculo de influencia. 

En Ecuador, la mujer ha tenido que atravesar obstáculos descomunales para tener el mismo espacio que el hombre. Hasta el 2015, la mujer gana en promedio menos que el hombre, según ONU Mujeres entre 5% y 20% dependiendo del nivel educativo. En los sectores rurales e inclusive en ciertas zonas urbanas hay estereotipos que limitan a las familias cuando deciden a quién enviar a la escuela, o permitir migrar a la ciudad, o dejar en libertad para tomar decisiones profesionales y sobre todo a quién permitir decidir sobre su vida personal. Esto sin contar vergonzosos episodios populares que demuestran que cargamos con una viva matriz cínicamente machista. 

La política es quizá la fuerza más efectiva que permite que estas barreras se vayan destruyendo. Las mujeres que incursionan en la política construyen roles sociales que las nuevas generaciones van asimilando como comunes, y las van convirtiendo en aspiracionales. El perfil del líder es cada vez menos el de un macho alfa y cada vez más el de una mujer inteligente, educada, sensata, organizada, equilibrada y emotiva. No es sorpresa entonces que las fuerzas progresistas de la política sean las que han promovido más exitosamente cuadros femeninos en las filas políticas de nuestra región. Como ejemplo basta ver la tendencia de las actuales mujeres presidentas de Sudamérica: ninguna proviene de la derecha. 

En el 2010, con los resultados del censo nacional, me di cuenta que el único campo que le falta dominar a la mujer en Ecuador es la política. En lo económico, se demostró que la mayoría de negocios del sector comercio tenía como dueños a mujeres, y en lo académico, hay más mujeres que hombres estudiando en las universidades. Entonces me pregunté qué pasa en la política, por qué nos contentamos solo con tener ministras y asambleístas, y más que nada: ¿cuándo Ecuador va a tener una presidenta?

Decidí entonces realizar un estudio cualitativo para explorar el perfil de una candidata presidencial que cumpla con las expectativas de los votantes promedio y responder a la pregunta: si vamos a buscar que una mujer sea presidenta, ¿qué características debería tener? Si Ecuador se atreve a caminar a la modernidad como cualquier país medianamente sensato, ¿qué perfil tendría una mujer presidencial que lo ayude en ese camino? Mi intención no fue encontrar un perfil normativo de lo “ideal” sino más bien intentar “leer” lo que sociedad cree que debería ser un perfil ganador.

Este estudio es una exploración que partió de una iniciativa personal y no afiliada a campaña política alguna. La intención fue obtener categorías de una potencial presidenta y evaluar perfiles de acuerdo a lo que hoy es valorado por opiniones específicas. Es un estudio que no pretende cuantificar ni contrastar hipótesis. Se basó en veintitrés entrevistas a distintos profesionales seleccionados en base a mi experiencia en campañas políticas pasadas -tres presidenciales, cuatro seccionales y dos legislativas-, todas en Ecuador. Los entrevistados pertenecen a tres sub-segmentos de interés: 1) analistas y estrategas de comunicación política, 2) periodistas y 3) líderes de opinión. Por diseño metodológico (y ética elemental), la identidad de los entrevistados está protegida, así como la particularidad de sus respuestas. Existe un balance regional de los entrevistados de 60% de Quito y 40% de Guayaquil. 

La entrevista giró en torno a cuatro preguntas: 1) Si pudieras imaginar a una candidata presidencial ideal que gane las elecciones en Ecuador, ¿qué características la definirían?; 2) En la actualidad, ¿quiénes crees que se acercan –por poco o por mucho- a esas características?; 3) De los nombres sugeridos, ¿qué crees que le falta o le sobra a las tres primeras candidatas mencionadas? y dos preguntas fuera de la caja: 4) Si pudieras mirar lo que hay en su cartera, ¿imaginas algo que ella lleve siempre, que el resto no lo haga?; Cuando piensas en ella, ¿qué artista o tipo de música se te viene a la mente? 

Para obtener los resultados, codifiqué las características de la “presidenta ideal” agrupando respuestas similares y seleccioné las primeras cinco tipologías que respondió cada entrevistado. Según ellos, la presidenta ecuatoriana debe ser carismática, inteligente, con experiencia en economía y política, bonita o atractiva, demócrata, tolerante, popular y conocida, moderna, paciente, con carácter, emprendedora, creativa, negociadora, trabajadora y honesta. Hasta ahí, no causa sorpresa encontrar este perfil, pero sí empieza a llamar la atención quién aparece en el radar político y por qué. Al responder qué mujeres se acercan a estas características, los entrevistados dijeron estos veinte nombres de mujeres (sin orden alguno): Cristina Reyes, Nathalie Cely, Silvia Buendía, María Paula Romo, Mae Montaño, María Josefa Coronel, Martha Roldós, Gabriela Ribadeneira, Marcela Aguiñaga, Doménica Tabacci, Rossana Alvarado, Cynthia Viteri, Anabella Azín, Isabel Noboa, Gabriela Pazmiño, Rocío Rosero, Doris Solís, Carina Vance, María Duarte y Viviana Bonilla. De este grupo profundicé la opinión de ocho nombres, de las cuales aquí se reporta un resumen de cuatro de ellas (Incluí comillas para los verbatim textual de mis entrevistados. El resto es tejido del autor).

Doménica Tabacci

Es una de las pocas figuras que logró clausurar su pasado televisivo para convertirse en “política a tiempo completo”, un “karma que ya arrastra poco”. No tiene imagen de mujer “de a pie”, “cualquiera que la ve en una foto en un barrio pobre sabe que es para alguna fotografía”. “Amable y respetuosa”, “pocas veces airada” y “en público raramente explosiva”: tiene control sobre ella pero no tiene control sobre la sombra política que la opaca: Nebot. Y esa es su debilidad para dieciséis entrevistados. Su paraguas Nebotcino la protege de la lluvia política cotidiana pero también la minimiza al intentar solo imaginar una ambición particular. “Es un delfín, nomás”. Para los entrevistados que les gusta su perfil ven en su vocabulario la palabra “comunidad” porque “se preocupa por ella”. Para sus detractores, su vocabulario está repleto de “símbolos que connotan la jerarquía social”: “ayudar”, “desfavorecidos”, “pobres”, “servicio cívico”. Doménica es fuerte: “soportó enviudar y salir adelante con hijos”, eso no es para cualquier mortal. Aunque sí es muy mortal en sus respuestas: “jamás respondería algo fuera de forma o excesivo”. “Carismática? sí, inteligente? sí, con experiencia?: sí”, pero en siete entrevistas se repite su sombra y su limitación: “no tiene ideas políticas propias”.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): 1) estampitas de santos, 2) tarjetas de presentación de Nebot.

¿Qué música la imaginas escuchando? JLO, Selena.

Mae Montano

Tiene una muy “interesante hoja de vida política”, aparte es la “única ingeniera que ambiciona pasillos presidenciales”. Once entrevistados piensan que tiene una barrera obvia: Lasso, a sus sesenta años y con la ambición de ser presidente, no le cederá ese espacio a  la asambleísta de su partido CREO. “Él sabe que si no gana en el 2017, lanzarse con 68 años como candidato a un electorado que tiene en promedio 28, le perjudica”. Así que todo su partido arrastra con esa sombra: “Mae esta anulada por lo menos hasta el 2019”. Sin embargo, “tiene perfil para poder llegar a ciertas zonas de Esmeraldas y Manabí”, y hasta dos entrevistados se atreven a decir que “podría convencer en la Sierra”. Aunque siete ven una debilidad común: “ausencia de ideas propias”. No es reconocida por ellos como una candidata “activa” que trae cosas nuevas sobre la mesa. “Si es que tiene esas ideas, algo la esta bloqueando”, quizás ella misma, quizás lo sabe. “Mae logra generar sonrisas, pero no conversación”. Inclusive cuando tiene quejas, “quedan en quejas pero no logra hilvanar más”. Necesita polémica, “Mae necesita parir ideas”. 

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): Todas las entrevistas dejaron en blanco esta pregunta, lo cual es una respuesta a interpretar.

¿Qué música la imaginas escuchando? “Salsa clásica, pero de esa bien clásica”.

María Paula Romo

Mujer que “sería capaz de intentar resolver un problema de matemáticas usando argumentos jurídicos”. “Lógica”, “suave”, “sensata”, “confiada”. “Muy confiada, a veces hasta ingenua”. Es una “joven que no es percibida como joven en la política”. Nadie la ve como nueva, aunque nunca estuvo tan expuesta. María Paula es vista como alguien que “tendría facilidad en capturar un segmento joven profesional de la Sierra pero tendría barreras en capturar el mismo segmento de la Costa”. “Ganaría un debate con facilidad”, la pregunta es qué tan preparado está el ambiente político ecuatoriano para decidir en base a debates. “La tarima es otra debilidad” y no hay base política para ello. Tendría que empezar ganando conocimiento de su presencia, especialmente en la costa pero “sufre de la consecuencia de sobrevender el valor de un equipo”: para verla en una fórmula presidencial dependería demasiado de quién la acompaña. Necesita de un equipo fuerte porque sola es percibida aún débil.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): 1) Códigos Penales, 2) una fotocopia del examen de su mejor alumno del semestre pasado.

¿Qué música la imaginas escuchando? Rock argentino.

Rossana Alvarado

En las entrevistas Rossana despertó pasiones. Es muy difícil que alguien no tenga una opinión de ella. “Conocida”, “bonita”, “argumentativa”, “inteligente” y “política”. “Muy política”. “Arrastraría fácilmente un segmento de las mujeres de izquierda del país”, pero “tendría problemas con las ejecutivas que creen que la derecha esta de moda”. Tiene “base política asociada a las zonas rurales” y “serranas del partido de gobierno”. Un sector feminista la ve “pasiva frente a temas polémicos”, otro sector la ve “estratégica”. Aunque “no arrastra conocimientos económicos” serían “predecibles en base a su formación política”, que contrastan con el resto. “Hay ideología”. Seis entrevistas la ven como alguien que “se comería las tarimas si tuviera más oportunidades”; las ideas no son su problema. “Quizás el problema es la ausencia de las mismas en momentos clave”. Su “entorno personal parece desfavorecerla”. Diecinueve entrevistas la ven como “persona con potencial pero no despega”, “algo le pasa que no se decide en despegar”. La ventaja parece ser esa: sí tiene limitaciones, pero que ella mismo crea, no son limitaciones externas.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): 1) Un amuleto, 2) Un par de candongas extra.

¿Qué música la imaginas escuchando? Lila Downs, Silvio Rodriguez.

 

En la segunda parte de este reporte, que pronto publicaré en este medio, resumiré cuatro perfiles más y analizaré transversalmente la opinión de cada estrato entrevistado. Sin embargo, quiero terminar esta primera entrega vinculando la idea inicial del texto: La intención de este estudio es aportar a la discusión del ritmo en el que Ecuador camina hacia la modernidad y el rol que juega la mujer política en este camino. De todas maneras no es fácil dejar de preguntarnos: ¿Qué perfil debe tener la presidenta que permita no solo tener una mujer como principal política sino que además sea un impulso para equilibrar nuestro camino al desarrollo? ¿Qué mujer podría no solo vencer la complejidad de un electorado populista y popular sino además motivar un esquema social más equitativo? Porque supongo, nos habremos dado cuenta ya que eso de la equidad no viene dada por coeficientes solamente. ¿Verdad?

Hay entonces, al menos cuatro obstáculos que superar. El primero es la enfermiza noción que tiene el ecuatoriano promedio en creer que el presidente tiene que ser el salvador. El mesías. El todopoderoso. Tengo argumentos estadísticos (calculados pero aún no divulgados públicamente) para sustentar que esta noción va reduciéndose poco a poco , y es lógico que esto suceda con el paulatino incremento de la escolaridad. Sin embargo, exista la abismal diferencia entre ser popular y populista y es una amenaza clara a cualquier propuesta seria. A esto se suma que el nuevo modelo de gobierno tiene una concentración presidencial fuerte, esto implica que quien se atreva a saltar a la arena debe estar consciente de que será culpable y responsable de lo que pase, y de lo que no. 

El segundo reto es esquivar el avance de la restauración conservadora. La defino como una fuerza asociada a la influencia de Papa argentino y toda la corriente que implica creer que el desarrollo es “casi casi” una cosa divina. Sin embargo, aquí hay una lectura en la que se equivocan los políticos de hoy y que la describo brevemente porque es sujeto de otro análisis: no es astuto aliar la política con la religión, peor con el Papa. No lo digo por opinión sino por conclusiones de estudios cuantitativos. Cada vez que la política intenta aprovecharse de reformas conservadoras lo que provoca es más secularización de la población. Y estoy hablando de causalidad estadística comprobada, no de correlación.  Algunos dirán: ¡pero Ecuador 70% es católico! Les respondo: Una cosa es una estadística transversal otra, una estadística tendencial. En cada lugar que una persona abre un libro, entra a la universidad, curiosea en Internet, también se hace preguntas existenciales y va derribando mitos. A esto súmele un factor demográfico: la población joven es menos creyente, la población adulta y adulta mayor es más creyente. ¿Cuál de las dos poblaciones es mayoritaria y creciente proporcionalmente en Ecuador?

La penúltima barrera que tienen que esquivar las mujeres políticas es su presencia en la producción de opinión pública. Sobre esto, podría hacerle un reclamo a los medios impresos, pero prefiero hacerlo a la mujer en general. Durante tres meses he contabilizado el espacio que tienen en las columnas de opinión de la prensa ecuatoriana: el 85% de los textos de opinión son escritos por hombres. Hay ciertos diarios que casi nunca incluyen a una mujer. El atajo más fácil sería culpar a los medios de machistas. El reclamo más sensato sería a las mujeres para que visibilicen esta desigualdad y se quejen, escriban, opinen. Cada texto crea categorías, narrativas, comprensiones, símbolos. Si no están presentes en la construcción de opinión, no se pueden posicionar temas que les interesa. Y no, no cuenta Tuiter.

Finalmente tienen una barrera obvia que saltar: lo bueno y lo malo hecho por el actual gobierno. Que los expertos en política juzguen qué es qué, que para eso están ellos y lo sé: nadie dijo que sería fácil.