Giro de timón

• Agosto 4, 2014 •

 Análisis del acuerdo comercial con la Unión Europea

Luego de varios años e intentos fallidos, Ecuador logró finalizar exitosamente la negociación para la firma de un acuerdo comercial con la Unión Europea. Este resultado no había sido posible sin la decisión política del presidente Rafael Correa que frente a la inminente pérdida de los beneficios de las preferencias arancelarias SPG plus, dejó de lado prejuicios ideológicos al interior del Gobierno para tomar una decisión pragmática que garantice el acceso a ese importante mercado para la exportaciones ecuatorianas.

El SPG plus es un sistema de preferencias unilaterales que Europa otorga a los países con menor grado de desarrollo económico. Sin embargo, a partir del primero de enero de 2015, Ecuador perderá esos beneficios arancelarios porque ha superado el umbral establecido por ese programa al alcanzar un nivel de renta media alta en los últimos tres años según clasificación del Banco Mundial.

Un mercado importante

En 2013, Ecuador exportó a Europa tres mil cien millones de dólares lo que equivale a 12,2% de las exportaciones totales y veintiocho por ciento de las exportaciones no petroleras. Los principales productos de exportación son: atún, banano, camarón, flores, cacao y café.

Más de la mitad de las exportaciones al mercado europeo ingresan a través del sistema SPG plus (53% del total de exportaciones). El saldo, principalmente banano, ingresa bajo el esquema de condición de nación más favorecida.  Gracias al SPG plus 35% de las mercancías no pagaron arancel para ingresar a ese mercado

¿Qué significa para el Ecuador el acuerdo?

El primer beneficio es evitar las barreras que limitan el acceso al mercado Europeo. Se evitó un importante incremento arancelario que hubiese cerrado las puertas del mercado europeo a muchos productos ecuatorianos.

Los principales incrementos arancelarios se hubieran registrado en: jugos de frutas (aumento de 33,6%), preparados y conservas de pescado (25%), atún en conserva (24%), las demás frutas (21,8%) y tabaco desnervado (17,7%).

Esto se hubiera traducido en un pago adicional en aranceles por doscientos millones de dólares anuales y una caída del PIB de -0,2%. Estos costos hubieran sido asumidos por los exportadores ecuatorianos. Aquellos con márgenes reducidos habrían tenido que dejar de exportar a ese mercado por su incapacidad de asumir ese impresionante incremento en el costo de exportación.  

El impacto habría sido particularmente fuerte para las micro, pequeñas y medianas empresas. Fedexpor estima que alrededor de 23,7% del total de exportaciones a Europa se realiza por este grupo de empresas.

En otras palabras, alcanzar el acuerdo comercial garantizó la continuidad de la competitividad para los productos que ya tenían arancel cero bajo el SPG plus. Pero además permitió incrementar la competitividad para otros productos agrícolas y agroindustriales y de aquellos que se desea impulsar con el cambio de matriz productiva. El acuerdo con la Unión Europea también es una oportunidad para que proveedores ecuatorianos de servicios ingresen a ese mercado.

El banano contará con un régimen especial, similar al que tiene Colombia desde 2013. Existirá un cronograma de desgravación relacionado al volumen de banano que pueda entrar al mercado europeo. Esto reducirá gradualmente los mayores costos arancelarios que actualmente paga el banano ecuatoriano comparado con el colombiano y centroamericano.

El acuerdo permite nivelar la competencia con otros países de la región que ya tienen su acceso garantizado y sin aranceles a Europa. Este es el caso de Colombia, Perú, México, Chile y algunos países de Centro América.  

También habrá beneficios para los consumidores ecuatorianos que podrán acceder a productos con mejores opciones y menores precios.

¿Podremos competir con los productos europeos?

No todo en este acuerdo son beneficios “automáticos”. Existen sectores sensibles que tendrán que atravesar por una profunda transformación para poder adaptarse a este nuevo escenario.

El acuerdo contempla ciertas exclusiones y procesos de desgravación gradual. El objetivo es que estos sectores protegidos tengan el tiempo necesario para adaptarse a una nueva situación de competencia. Entre los productos sensibles están los lácteos, productos agrícolas de la sierra y productos farmacéuticos.

Pero inclusive en estos casos, el acuerdo debe ser visto como una oportunidad de transformación productiva que obligue a hacer frente a uno de los principales problemas de la economía ecuatoriana: su falta de competitividad.

En una gran parte de actividades económicas existen métodos de producción anticuados que hacen un uso ineficiente de los recursos y no permite competir con productores de talla mundial. La opción de desarrollo del Ecuador pasa necesariamente por la erradicación de este tipo de métodos de producción y su reemplazo por otros que impliquen mayor uso tecnológico. Este proceso requiere además, la producción con mayor calidad y ambientalmente amigable.

Incongruencias

Hay que reconocer que la senda de desarrollo trazada con este acuerdo comercial con la Unión Europea apunta en una dirección opuesta a la ruta de Senplades con su planificación centralizada.

La sustitución de importaciones hasta ahora ha elevado las barreras arancelarias a los máximos permitidos por la OMC. Pero como ya se alcanzaron esos límites en la mayoría de productos, el gobierno apostó por la aplicación de restricciones para-arancelarias como es el mayor requerimiento de normas técnicas.

Mientras Senplades considera que para alcanzar una mayor nivel de desarrollo se requiere cerrar el mercado ecuatoriano, la apuesta del acuerdo con Europa es que ese resultado se alcance a través de una mayor competencia y de apertura del mercado.

El acuerdo con la Unión Europea abre una brecha en la política de sustitución de importaciones al reducir los aranceles y barreras a la importación de los productos europeos.

Las barreras para arancelarias y aranceles quedarán para el resto de mercados. Inclusive nuestros socios de la Comunidad Andina reclamarán por un trato discriminatorio frente al que estamos otorgando a Europa al aceptar sus normas técnicas para la importación de sus productos.

Competir en un mercado global

Colombia y Perú, al haber firmado un acuerdo comercial con Europa se transformaron en ubicaciones atractivas para las empresas ecuatorianas porque desde esas plazas se podría tener un acceso preferencial a ese mercado.

En ese escenario, la opción para Ecuador era la de especializarse en la provisión de materias primas para que sean procesadas por países vecinos que tienen TLCs firmados. El riesgo en esta estrategia era la deslocalización de las empresas productoras nacionales que buscarían ubicarse en los países vecinos para alcanzar el acceso preferencial.

En un mundo global integrado, la estrategia ecuatoriana de aislarse comercialmente es un lastre a su posibilidad de crecimiento. No se puede esperar que nuestros productos de exportación continúen ingresando a los principales mercados internacionales con condiciones preferenciales si nosotros no permitimos el ingreso al Ecuador de productos de esos países.

La firma del acuerdo con la Unión Europea marca un quiebre en la política económica que ha seguido este gobierno desde hace 7 años. Coincidentemente este cambio se produce en el momento en que los ingresos petroleros dejan de crecer y el gobierno encuentra mayores dificultades para financiar el crecimiento económico vía gasto e inversión pública.

Ojalá esta sea el inicio de una serie de decisiones económicas pragmáticas que prioricen los beneficios económicos que mejoran el nivel de vida de la población frente a ideologías socialistas caducas. Ahora que la plata escasea, la prioridad debe ser la generación de riqueza sin olvidar el objetivo de redistribución inherente a toda política pública. Es tiempo de una transformación productiva radical que nos permita apuntar hacia el mundo tecnológico del futuro.