Cynthia Viteri en la tierra del miedo

Nilsa Varela
• Agosto 29, 2016 •

Lo que le pasó a la asambleísta ecuatoriana, le pasa todos los días a los opositores venezolanos

Fotografía de José González

Quizás la asambleísta ecuatoriana Cynthia Viteri no lo sabía, pero desde el jueves 25 de agosto de 2016 el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) le seguía los pasos. Tal vez se enteraron a través de medios de comunicación y cuentas de Twitter de sus reuniones. Viteri, precandidata a la presidencia del Ecuador por el Partido Social Cristiano (PSC), opositor del gobierno de Rafael Correa,  había sido invitada para que constate la crisis humanitaria en Venezuela. Iba a atestiguar, además, la situación de 129 presos políticos (a los que el gobierno de Nicolás Maduro se niega a catalogar como tales). Viteri se reunió con sus colegas de oposición venezolana en la sede del Parlamento en Caracas, y luego dio una rueda de prensa con el excandidato presidencial Henrique Capriles. Cynthia Viteri quizás no se imaginaba, al menos no con exactitud, a qué se referían los titulares de la prensa venezolana y extranjera cuando hablaban de represión, amedrentamiento y acoso, de prácticas incesantes contra la oposición. Hasta el día que ella misma lo vivió. 

No es novedad que en la tierra de la Revolución Bolivariana se aplica la política del miedo. Desde el 2002, pocos días antes del fallido golpe de estado contra Hugo Chávez, hasta hoy, rige la discriminación política. Ese 7 de abril, hace catorce años, en cadena de radio y televisión, el presidente Chávez despidió a siete gerentes de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) luego de que ellos convocaran un paro petrolero que buscaba el cambio de una política económica socialista a una orientada al libre mercado. Se detuvo por la producción petrolera venezolana, y según el expresidente del Banco Central de Venezuela, Armando León, el país perdió cerca de 18 mil millones de dólares mientras duró el paro al que plegaron empresarios, medios de comunicación, la confederación de trabajadores de Venezuela y la oposición política. El 11 y 12 abril grupos armados intentaron tomarse el poder, que sería retomado por Chávez al día siguiente. En diciembre de ese mismo año casi 18 mil trabajadores —el 47% de la nómina de la petrolera— fueron despedidos por razones políticas. Desde entonces la discriminación en Venezuela solo se perfecciona. Los firmantes del pedido de revocatoria del mandato de 2004, que buscaban sacar a Hugo Chávez del poder y perdieron, fueron despedidos de sus trabajos. Sus nombres quedaron registrados en una infame lista llamada Lista Tascón, porque fue divulgado por el diputado oficialista Luis Tascón. Ahora que se pide un revocatorio contra Maduro, también hay despidos. Se repite la fórmula.

Viteri probó un poco de las medicina purgante del chavismo. La tarde del 26 de agosto de 2016, el vehículo en el que viajaba fue detenido por el Sebin. Iba a la cárcel militar de Ramo Verde al sur del Área Metropolitana de Caracas a conocer el estado físico y mental del principal preso de conciencia,  como insisten en llamar sus abogados a Leopoldo López. Detenido en febrero de 2014 y sentenciado en septiembre de 2015 a trece años y nueve meses de cárcel por —según la justicia chavista— ser responsable de los cuarenta y tres muertos que hubo las protestas antigobierno. Como tenía previsto, Viteri llegó al mediodía para conversar con la esposa de López, Lilian Tintori. Quería preguntar por las amenazas de muerte hechas por algunos militares asignados a este recinto, las múltiples veces que es rotado de celda en un día, las requisas violentas “sorpresa” que hacen en horas de la madrugada, y demás denuncias hechas públicamente por Tintori y por la madre de Leopoldo, Antonieta Mendoza de López. Pero Viteri y Tintori nunca llegaron a hablar: mientras esperaba a la esposa de López, llegaron vehículos del Sebin y unos funcionarios le pidieron sus pasaportes a la asambleísta ecuatoriana y toda su comitiva. Iban con ella otro asambleísta de su partido, Henry Cucalón, la concejal de Guayaquil, Susana González, el ex alcalde de Machala, Carlos Falquez, el secretario adjunto del ex alcalde Luis Gaibor, y el secretario de la administración pública municipal de Guayaquil, Vicente Taiano. Luego de retenerles los documentos, les informaron que debían subirse a los carros de la inteligencia venezolana. Según Viteri les pidieron que cada persona se suba a un carro diferente, porque iban a ser trasladados al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, imaginando ya la deportación. Viteri y sus acompañantes se negaron a irse con los funcionarios del Sebin y se subieron al auto en que habían llegado. 

¿Por qué el gobierno venezolano le ha regalado a Cynthia Viteri tamaño despliegue publicitario? Héctor Cordero, politólogo y diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela, dice que las maniobras hostiles en contra de representantes extranjeros está orientada a debilitar la Toma de Caracas, la marcha convocada para exigir el revocatorio presidencial el próximo 1 de septiembre. “Esta deportación sigue deteriorando la imagen del gobierno en el concierto internacional y agota los apoyos de los aliados” —dice Cordero— “Rafael Correa tendrá que tomar posición con respecto a esta deportación”. Cordero cree que si el Presidente del Ecuador no lo hace, quedaría al descubierto que sabía lo que sucedía con Viteri en Venezuela. “Lo cual lo dejará en deplorables condiciones de popularidad en su país”, dice. El sábado 27 de agosto, durante su enlace sabatino, Rafael Correa no dijo nada sobre el incidente. En un comunicado de enredos, la Asamblea del Ecuador se limitó a decir que Viteri no iba en representación oficial y que el Estado ha velado por los derechos de los ciudadanos ecuatorianos, “reconociendo a su vez, con absoluto respeto, las decisiones soberanas de la República Bolivariana de Venezuela”. La Cancillería del Ecuador, en un boletín más sensato, ha expresado su preocupación y ha pedido explicaciones al Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores y al Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, “a fin de solicitar que se garanticen los derechos constitucionales de las ciudadanas y los ciudadanos ecuatorianos”. Otro que rechazó la expulsión fue Williams Dávila, representante parlamentario venezolano ante Mercosur: “Acciones como estas ratifican que Venezuela no puede asumir la presidencia Pro Témpore del Mercado Común del Sur, por irrespetar las inmunidades parlamentarias de legislativos de otras naciones” —dijo— “El régimen de Maduro nos hizo perder el prestigio que teníamos internacionalmente, por eso hay que revocarlo, para rescatar nuestra dignidad en las Américas". Es probable que Viteri haya quedado en medio del fuego cruzado de la desesperación oficialista y el ímpetu opositor venezolano. 

Eso no quiere decir que haya que minimizar lo que sufrió Viteri. En  un video que grabó en los momentos de la detención, explicaba que no iría con los funcionarios: no confiaba en ellos. El Sebin obligó al chofer que manejaba el carro de Viteri a que saliera, y uno de sus funcionarios lo condujo. Iban escoltados por otros carros oficiales. Les dijeron que serían deportados porque habían sido declarados personas no gratas por el gobierno. Eran las tres de la tarde de Venezuela y algunos periodistas como Mildred Manrique, confirmaban la irregularidad. El abuso contra los ecuatorianos, sin embargo, no quedó allí. Los tuits de Viteri sirvieron para registrar el atropello. 

 

 

Según la cancillería venezolana, la comitiva ecuatoriana fue expulsada por presunta alteración del orden público. Todo quedó registrado en la línea de tiempo de Twitter de la asambleísta:

 

 

El atropello escandaloso en contra de Viteri es una rutina diaria en Venezuela. La expulsión de Viteri es tan desagradable que hasta la cancillería ecuatoriana se ha preocupado por lo sucedido. Ya ni los amigos del régimen chavista pueden ver siempre para otro lado. Los venezolanos que militan en la oposición viven a diario con esas presiones. Doce años después la lista ya no se llama Tascon, pero existe. Diputados de oposición han recibido al menos mil denuncias de trabajadores del Seniat (Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria) y Corpoelec (Corporación Eléctrica Nacional) y otras instituciones, que han sido despedidos por haber participado en la recolección del 1% de firmas (primer paso del proceso revocatorio), contra Maduro. 

Sin embargo entre 2002 y 2016 hay sensibles diferencias. Venezuela hace 12 años estaba apenas iniciando su estado de embriaguez. Eran los primeros pasos del “nosotros” contra “el otro”. Por ejemplo, los trabajadores nuevos que ingresaron a Pdvsa muy contentos, hoy ven con asombro y amargura cómo sus aplausos en aquel escandaloso despido masivo, recae sobre ellos cuando las contratistas los sacan de circulación de forma injustificada. En abril 2016 la Encuesta Condiciones de Vida de los Venezolanos (Encovi) divulgó que a un 87% de venezolanos no les alcanza el dinero de sus salarios para comprar alimentos. Y en julio, ese “otro” que era minoría en 2002, ha crecido: es casi 8 de cada 10 venezolanos quiere revocar a Maduro, según Datanálisis, una de las firmas más prestigiosas del país y que además ha dado como perdedor al sector opositor elección tras elección hasta el 2013. Un sacerdote peregrino salió del estado Anzoátegui a pie el 22 de agosto hasta Caracas para exigir en vigilia frente al Consejo Nacional Electoral, y al siguiente día un grupo de indígenas originarios del estado Amazonas, hicieron lo mismo. Recientemente, tres personas en silla de ruedas partieron de Lara para pedir lo mismo. Todos, de forma pacífica, buscan presionar al poder electoral para que garantice los derechos políticos de “el otro”.

Y aunque es muy poco probable que ese 80% esté en Caracas el 1 de septiembre, el rechazo es cada vez más claro. La Toma de Caracás será multitudinaria. Las últimas giras hechas en Táchira y Mérida por el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, así lo vaticinan. 

 

Mientras todo esto se cuece en Venezuela, Cinthya Viteri regresaba a su país. Antes de la una de la madrugada del sábado 27 de agosto, tuitéo “llegamos a nuestra (…) es bueno estar en casa”. No todos, pero sí muchos viajeros sienten por momentos llevarse un poco del país que visitan. Viteri, una extranjera bajo la fuerza pública de un gobierno alejado de la democracia y el respeto a la disidencia, en pocas horas vivió prácticas que se han hecho ley en un país con poderes públicos entregados al chavismo, una batería que siempre apunta en contra del “otro”, sin darse cuenta que cada vez más ese otro lo supera en tamaño, predisposición y hartazgo.