Manolo Sarmiento: “Los EDOC tuvieron 18 mil espectadores el año pasado. Eso no se improvisa”

• Abril 5, 2016 •

La campaña de crowdfunding que ha lanzado el festival de cine más importante del Ecuador ha logrado recaudar el 12% de su meta. Esta es una conversación con su director sobre la importancia de ver documentales.

 

"Escena de Los reyes del pueblo que no existe un documental de Betzabé García que se estrenará en los EDOC15.

El festival Encuentros del Otro Cine (EDOC) es una de las pocas tradiciones contemporáneas del Ecuador. Desde 2002, cada año miles de personas asisten, durante una semana, a ver cientos de documentales. Las películas llegan de todas partes del mundo, y se proyectan en salas independientes que —cada vez más— se quedan cortos de espacio para acoger a los espectadores, que de los tres mil que asistieron a la primera edición se han multiplicado hasta sumar dieciocho mil en 2015. A pesar de ello, financiar la edición de 2016 se ha convertido al mismo tiempo en un desafío y una esperanza. Después de que los auspiciantes tradicionales tuvieran que recortar sus aportes económicos por la crisis que empieza a vivir el Ecuador, al festival no le ha quedado más que recurrir a sus verdaderos incondicionales: la gente que va a los cines. La que no quiere que —más allá de las coyunturas burocráticas y las declaraciones políticas— que el festival no se haga. Todos aquellos que, como dice la campaña de crowdfunding que sus organizadores han lanzado para poderlo financiar, #queremosEDOC

Para todos ellos, hay ya una buena noticia: habrá festival. La campaña de crowdfunding ha logrado levantar cerca de doce mil dólares —el 12% del total que se ha propuesto como meta— que, junto a ciertos pequeños patrocinios y la taquilla permitirán que haya al menos una “versión de mínimos” de los EDOC. Si queremos que sea el festival completo, aun estamos a tiempo de hacer un aporte.  La semana pasada conversé con el director de los EDOC, Manolo Sarmiento, sobre por qué se puso tan cuesta arriba esta edición del festival, qué lecciones han sacado de estos aprietos y por qué es importante que haya EDOC, pero sobre todo, por qué es importante que vayamos a ver cine documental. 

Manolo Sarmiento

Fotografía de Agencia de Noticias ANDES bajo licencia CC BY-SA 2.0. Sin cambios

¿Cómo se ha financiado tradicionalmente los EDOC?

Ha ido cambiando: los primeros años era —sobre todo— un presupuesto más pequeño. Había mucho trabajo voluntario, y el pilar fue la fundación Hivos y en menor medida el festival de documentales de Amsterdam a través de un fondo de ayuda que tienen. A partir del décimo año, la ayuda de Hivos se terminó y coincidió con un aumento de los presupuestos estatales de cultura en el Ecuador, seguramente por la bonanza. La contribución del municipio de Quito fue creciendo, también, y se volvió preponderante en los últimos años. Paralelamente participábamos en los fondos concursables del Consejo Nacional de Cine y algunas veces obtuvimos esos fondos, pero en el 2011 el Consejo autorizó unas ayudas directas a los festivales Chulpicine, Lugar sin límites y los EDOC, y también para la sala de cine independiente 8ymedio.

Eran cincuenta mil dólares. 

Este año se suspende sin ninguna notificación, fue una comunicación personal con los funcionarios del Consejo de Cine que nos dijeron que tuvieron un recorte tan grande de su presupuesto que no iban a dar esas ayudas, que era imposible darlas. 

Por otro lado, el Ministerio de Cultura ha sido irregular en sus políticas. La más clara que tuvo fue entre 2009 y 2011, cuando existía el Sistema Nacional de Festivales, creado para dar apoyo económico a “festivales consolidados” —como los llamaban ellos—. A nosotros nos iba bien postulando a ese fondo, pero ese lo suspendieron sin notificarnos, sin dar ninguna explicación. Desde entonces hemos acudido al Ministerio de Cultura a solicitar una contribución directa, y hemos tenido buena recepción porque los EDOC son un festival reconocido —el entonces ministro Long lo dijo públicamente, y Ana Rodríguez (su sucesora) dijo ser fan del festival—. En resumen: han buscado siempre la manera de apoyarlo. Hasta diciembre de 2015, habíamos gestionado esa ayuda, y nos habían dicho que sí: que los recortes no iban a ser tan grandes y lo veían factible. Íbamos a firmar un convenio para que hagamos muestras itinerantes por todo el país, lo que llamaron un proyecto de territorialización del EDOC.

Pero, súbitamente, en febrero —mientras esperábamos noticias— nos informaron que los recortes eran muy grandes. Nos avisaron que no sería posible ni lo uno ni lo otro: ni renovar el convenio de territorialización del EDOC que firmamos el año pasado, ni recibir la ayuda del Consejo de Cine. Entre las dos sumaban 120 mil dólares. Era un gran porcentaje de nuestro presupuesto, porque en los últimos tres años habíamos funcionado con esas ayudas: Ministerio de Cultura, CNCine y Municipio de Quito. Hay otras entidades que dan apoyo como la Casa de la Cultura Ecuatoriana, algunas embajadas extranjeras, en algunos años la Universidad de las Américas. El año pasado la Universidad de las Artes dio una contribución para que conferencistas fueran a Guayaquil, por citar algunas. El festival ha crecido mucho porque se ha profesionalizado: hay gente que lleva trabajando muchos años en él, y no es que gane sueldos muy altos pero cobra honorarios y se emplea a diez programadores para que miren las películas, se emplea traductores, subtituladores, productores marketineros, gente de redes sociales —todo lo que es habitual en este tipo de cosas—, se equipan salas, la inauguración es un montaje que requiere alquilar equipos, pantallas. Es un festival que tiene su costo, no excesivo, más bien modesto comparado con otros festivales.

¿Cuál es la proporción del recorte presupuestario? 

Es de ciento cuarenta mil dólares. El municipio de Quito nos dio ochenta mil dólares el año pasado y este año lo bajó a cincuenta y seis. Ahí tienes veinticuatro menos y ciento veinte menos, considerando que el del CNCine baja a cero y el del Ministerio de Cultura también. Entiendo que la crisis es grande, por eso nos dimos cuenta que esos aportes iban a ser imposibles. La oficina estaba paralizada en febrero, era muy preocupante y quisimos alertárselo al público

Cómo así deciden hacer una campaña de crowdfunding estando tan cerca de la fecha del festival.

Porque se nos vino encima la fecha. El festival es en mayo, y siempre las decisiones de auspicios culturales se tardan mucho. Estábamos acostumbrados a que en febrero o marzo se decidieran, pero este año resultó que todo salió bastante mal. Dudamos si hacerlo, y la verdad que nos animamos porque en esa semana que hicimos el anuncio muchísima gente se manifestó a favor. Incluso tuvimos muchas ofertas de trabajo voluntario. Eso hizo que lo pensáramos dos veces y la gente de Catapultados se acercó y nos ofreció su servicio. Dijimos “es viable, es factible”: teníamos el apoyo del municipio confirmado, hablamos con el secretario de cultura, Pablo Corral, y nos confirmó que ellos confirmaban su contribución de cincuenta y seis mil dólares. Hicimos números y dijimos bueno si logramos un mínimo del 50% del crowdfunding podemos hacer un festival recortando los sueldos a la mitad y trayendo menos invitados, pero más o menos sosteniendo la misma programación. Así es como hemos construido un escenario de mínimos que es el que creo qeu va a ser el que se hará. Ojalá sea posible hacerlo un poquito más grande, si el crowdfunding es exitoso, o si el Consejo de Cine aprueba alguna ayuda en estas semanas, lo cual sería genial.

¿Tienes una idea de la magnitud de cuánto bajó el presupuesto del CNCine, en general? 

Entiendo que es superior al 60%. En definitiva, tenían solamente doscientos veinte mil dólares para inversión en nuevos proyectos lo cual incluía el apoyo a festivales como el EDOC. Eso versus un millón y medio que tuvo el año anterior. Es un recorte brutal.

¿Qué están aprendiendo con esta campaña de crowdfunding?

La lanzamos el martes 8 de marzo, a los 11 días estuvimos en el 7% de la aspiración que reconozco es bastante alta. Nos propusimos una meta, lo que decidimos es poner una meta cercana al déficit, porque le queríamos decirle a la audiencia de qué tamaño era el hueco. Y obviamente me parece que es ambiciosa, todavía creo que nos podemos acercar a ella pero hay que intentarlo. Sería bonito que la campaña crezca. Pero creo que es una oportunidad de replantear nuestra estrategia de financiamiento, quizás ha sido un error volvernos dependientes en exceso del presupuesto público. 

Justo eso iba a preguntar: ¿no crees que hubo una una zona de confort con los fondos públicos que estuvieron disponibles en varios de los años anteriores?

Posiblemente. Eso creo que le pasó al país entero y algunos sectores especialmente. De alguna manera admitimos esa crítica. No creemos que sea muy fácil, no creemos que teníamos muchas alternativas porque el financiamiento privado sigue siendo muy complejo en el Ecuador: no hay políticas de subvención, por ejemplo, incentivos fiscales para las donaciones privadas.

Entonces se vuelve complejo pero evidentemente es posible pero eso supone replantear el festival. 

Una línea del festival clara que se ha mantenido y que se mantendrá —y que los fondos públicos hasta ahora siempre respetaron— es una absoluta independencia de la programación. Los EDOC programan lo que considera que debe programar, y ningún auspiciante por más grande que sea jamás se ha permitido insinuarnos cambiarla, suprimir una película, o algo por el estilo. 

Pasando un poco del tema práctico, ¿por qué el EDOC es importante? ¿Por qué es importante que este festival se haga?

Empezaría hablando no solo de los EDOC, diría es importante que existan eventos como los EDOC. El mundo idal para mí es que en el país no haya un EDOC sino diez, quince festivales. Deberíamos tener uno de estos eventos cada dos o tres meses, quizás no tan grandes o también más grandes inclusive, pero qué sé yo, ves las agendas de otras ciudades y tienen festival de cine de ciencia ficción, animación, cortometrajes, cine asiático, de música. Pero acá, el Quitofest sabes que lucha por sobrevivir cada año, lo bajaron de dos días a uno, en lugar de crecer. 

La vida cultural de nuestras ciudades es muy pobre y por eso es que los EDOC tienen que existir. 

Si los EDOC mueren, se empobrecen más, pero no estoy diciendo que solo los EDOC son importantes, algo que desgraciadamente la Ministra de Cultura insinuó en televisión.

¿Qué fue lo que insinuó?

Que nosotros pensamos que somos los únicos, que merecemos todo el dinero. Por favor, estamos hablando de setenta mil dólares que nos dieron el año pasado en un presupuesto de millones. Obviamente no pienso que todas las ayudas de cultura deben venir al EDOC: eso es ridículo y es ridículo pensar que nosotros creemos eso.

 Entonces, primero deben existir iniciativas como los EDOC, que sean ciudadanas, que provengan de la ciudadanía, que no provengan del Ministerio de Cultura, eso es fundamental. 

Y ya hablando en particular de los EDOC: el cine documental tiene una importancia cultural grande porque es un medio de expresión y de debate de ideas contemporáneas. El festival ha creado, en 14 años, un espacio de encuentro. Es un espacio de encuentro. 

En esa misma declaración, la ministra de un modo despectivo dijo que los EDOC reúnen a los intelectuales de Quito. Me parece una expresión lamentable, penosa, y no me parece que sea una manera de restarle importancia al festival. Además ¿qué es eso de los intelectuales de Quito? Por favor. Los EDOC están lleno de jóvenes, de estudiantes, de estudiantes de cine, de los futuros cineastas —Fernanda Restrepo dice que ella no hubiese hecho Con mi corazón en Yambo si no existían los EDOC. Es más,  el documental no sólo se estrenó, sino que se concibió en un taller de desarrollo de proyectos que se hizo en los EDOC en el 2005 o 2006.Es decir, el festival ha contribuido al enriquecimiento espiritual de este país. 

¿Cuánta gente fue a los EDOC el año pasado?

El año pasado contabilizamos unos dieciocho mil ochocientos espectadores, en Quito y Guayaquil. 

¿Para cuántas películas?

Para cien películas. 

Pero, entonces vivimos en un país de dieciocho mil intelectuales, es una cosa bárbara.

Buenísimo, claro. Exáctamente, sí. fue bastante gente. Además lo que yo digo es que eso no se improvisa. O sea, tú sabes eso. Pero hay que decirlo. 

Si tú mañana programas cien documentales, porque quieres hacerlo, tú no reúnes esa cantidad de espectadores, en ninguna ciudad del mundo. 

Es decir, lograr llegar a eso, que todavía es pequeño, ha tomado catorce años. Es un trabajo delicado, paciente, en el que seguramente nos hemos equivocado, por supuesto. Pero es un trabajo que toma tiempo lograr. Tú no improvisas dieciocho mil espectadores. El primer EDOC tuvo tres mil, en Quito. Entonces, sólo los que hemos organizado un festival como éste sabemos lo difícil que es lograr que una persona tome la decisión de ir y pagar cinco dólares para ir a ver un documental internacional del que no sabe nada.Eso es valioso por sí mismo, y por eso es que las autoridades deberían decir: ‘esto hay que apoyarlo porque ya es algo’.

Cuéntame un poco la carpintería de armar el festival, porque uno va al cine y ve la película, digamos, no sabe qué es lo que hay detrás. 

A ver, el festival comienza en octubre cuando lanzamos la convocatoria internacional a través de la página web y recibimos aproximadamente 300 documentales de muchos países, que se inscriben espontáneamente.

Y esa cantidad de películas, las vemos. Las ve un grupo, no las veo yo ni María Campaña solamente, sino un grupo de diez personas que reciben un pequeño fee, para hablar de presupuesto, por mirarlas y comentarlas. 

Además de esas inscritas, estamos pendientes de la programación de los festivales de documentales más grandes del mundo, e invitamos a que nos envíen películas para mirarlas, porque, obviamente, no están disponibles todavía. Entonces así recibimos otro centenar de películas que ya tienen un recorrido y que no se han inscrito espontáneamente. Todo ese material se lo observa, se lo mira, lo comentamos en un sitio web, en un sitio interno y  lo valoramos. Entonces, al final, se tiene un programación de 100-120 títulos. Ese es el trabajo de programación. 

Después de eso, ya en enero, viene el proceso de importar. Es decir, tenemos que contactar a los 120 directores o productoras y decirles que hemos seleccionado su película y que necesitamos traer su película en un formato HD. Tenemos que recabar fotografías, información de la película, muy exacta, para el catálogo. Traer esas 120 copias es complicado porque suponen 120 envíos de courrier, hasta hace un año, y desde el año pasado, la mitad llegó por courrier, la mitad por Internet. Pero eso supone alquilar un servicio de Internet porque son películas muy pesadas, de muchos gigas cada una. Varios técnicos que las reciben, ven que el formato funcione, la miran completa, de principio a fin, para ver que esté en buen estado la copia, hasta tener todo chequeado, que esté listo. 

Una pequeña cantidad de películas, muy poquitas, son películas de mucho prestigio, que, además nos cobran un pequeño fee. Entonces, ahí viene una tarea de regateo, porque son fees astronómicos, que los logramos bajar al mínimo por tratarse de un festival pequeño como el nuestro, pequeño en el contexto mundial. Entonces así logras tener esas películas. 

Luego, viene la escritura de la sinopsis. El festival EDOC, que no todos los festivales de nuestro tamaño lo hacen, tiene un catálogo con sinopsis originales. Eso es un pequeño detalle íntimo de la carpintería. Normalmente, un festival regular de América Latina lo que hace es imprimir en el catálogo la misma sinopsis de la película que te manda el productor. Nosotros lo que hacemos es encargarle a un escritor local o a un colega del equipo de curadoría una sinopsis. Encargamos 120 sinopsis para el catálogo, que tiene un valor agregado de originalidad, lo cual enriquece el festival porque es la mirada que desde el Ecuador se hace de esa película. Todos los festivales más importantes del mundo tienen sinopsis originales; ellos escriben su mirada, su percepción de la película. Eso hacen los EDOC. 

Luego, invitar a los cineastas. Tenemos un cupo pequeño de invitados. Nunca ha superado la decena de cineastas extranjeros que vienen, y bueno toda la logística de acomodarlos, darles de comer, organizarles una agenda, traducirles cuando no hablan el español. De ahí viene también el trabajo de colocar esas 100 películas, que se pasan dos veces en Quito, cada una, y en Guayaquil una vez, en repartirlas en la programación de las siete salas que tenemos en Quito y en Guayaqui. El año pasado tuvimos tres sala. Eso es muy complicado en Quito porque son muchos horarios y tenemos que darle a cada película un buen horario, un buen lugar donde presentarse. 

Todo esto que me acabas de contar toma más o menos seis, siete meses hasta que el festival estrene. Durante este tiempo, ¿también la gente que trabaja en el festival recibe, como tú dices, un sueldo, un honorario o solamente en cierto momento, en cierta época del festival?

Depende de las personas. Por ejemplo, yo recibo un sueldo todo el año, uno de los productores también. La programadora recibe un honorario como global, que equivale a seis meses de trabajo, siete meses de trabajo pero es bajo. O sea, cobró 8000 dólares, el pasado. Es un trabajo que es bastante intenso y que no muy bien pagado. Los sueldos más altos del festival son 1500 dólares, 1600 dólares. Luego tienes un comunicador que está seis meses por 1300 dólares, más o menos. Al redactor de sinopsis le pagamos 400 dólares por diez sinopsis más dos artículos. De ese estilo son los honorarios, varía mucho. Todos estos pagos deben hacerse, por eso necesitamos tener un presupuesto del tamaño que tenemos. 

Pero hagamos un escenario hipotético: si las dieciocho mil y pico de personas que fueron a ver los EDOC el año pasado, pusieran cinco dólares cada una, podrían llegar tranquilamente a esa meta de crowdfunding.

Sí, o sea, es factible, en efecto, es factible. Porque bueno, hay que considerar que dieciocho mil es lo que suman en total, pero algunas de esas son personas que van varias veces, entonces tal vez sea unas ocho o diez mil personas las que en realidad fueron, sino que fueron más de una vez a ver películas. Pero sí, si ellos pagaran diez dólares al año, se puede autofinanciar, en efecto. El tema es que la gente tenga el dinero para hacerlo y que eso no nos elitice, en el sentido de que venga muchísima menos gente y se pierda el espíritu de encuentro, que es lo que tienen los EDOC.

El año pasado fue récord en espectadores. es decir, el festival anteriormente había tenido un poco menos, quince mil y anteriormente trece y así. Entonces, las magnitudes se vuelven más apreciables a medida que va creciendo. En efecto, cuando tengamos cincuenta mil espectadores —que creo que pudiéramos llegar a eso si hubiera más  salas disponibles para el festival y con un presupuesto de mercadeo más grande— probablemente la taquilla sea más significativa. El año pasado, la taquilla ya fue veinte mil dólares, que no es despreciable. Hace cinco años la taquilla no era más de unos ocho mil dólares o menos, entonces eso ha ido creciendo. 

Eso ya es un elemento digno de tomarse en cuenta. En este momento ya es significativo y eso influyó en que nos decidamos por el crowdfunding: nos dimos cuenta de que habíamos llegado a un público lo suficientemente grande, que estaba dispuesto a valorar el esfuerzo. 

¿Tú crees que los EDOC haya influido en esa tendencia de que el cine ecuatoriano tenga una sólida base en la parte documental?

Es una hipótesis que vale la pena analizarse, es interesante.  Yo sí creo que el documental es, o sea bueno hay algo en el documental que tiene de histórico y tiene de tradición oral de los cuenteros. De contarse historias en los pueblos, de los narradores orales. Creo que el documental es un poco de eso también. Y ahí también hay una riqueza colectiva que tenemos. Pienso que es muy temprano para decirlo. Lo que sí creo es que tal vez, tal vez el haber tenido los EDOC han contribuido a que madure una narrativa documental. No estoy diciendo que han hecho una escuela todavía pero que sí como una referencia que nos sirve de motivación, de inspiración y de guía que genere acciones de parte de los creadores. Entonces la referencia que cada creador tiene son las suyas propias pero no hay un espacio en donde podamos debatir en torno a lo que nos imparta y nos influencia colectivamente. No sé si lo que estoy diciendo tiene mucho sentido. Pero tal vez no había un cómo, y sí: los festivales tienen también un poco esa visión. 

Los festivales un papel político, estético indudable. Por ejemplo, el Dok Leipzig es un festival de la ex Alemania del Este que cobra muchísima fuerza con la caída del Muro de Berlín.  Entonces los festivales logran trascender  y adquirir identidad y desempeñar un papel político. Yo recuerdo mucho la inauguración del festival hace con el Grill de César hace dos años. Fue increíble no, con dos mil espectadores, una película que no es política pero en esos días estaba el tema de Íntag. El cerco policial a Íntag acababa de ocurrir, hubo detenciones. Y algunos cineastas querían manifestarse por eso. Pocho Álvarez, entre otros. Y lo que nosotros hicimos es un gesto político muy sencillo pero significativo. Decidimos poner en la portada del periódico del festival el rostro de Alicia Caguila, la dirigente indígena huaorani. Y nada más. Dijimos hagamos un gesto. Y no fue algo traído de los cabellos porque una de las películas del festival era Secretos del Yasuní de Carlos Andrés Vera. Y entonces llamamos a Carlos Andrés, le pedimos una foto en alta calidad de  tu documental. “El rostro de Alicia”, me dijo. Él no se imaginaba lo que íbamos a hacer, pensaba que íbamos a poner una foto pequeña como referencia a su película que era una más dentro de la programación. Y nosotros le dijimos que vamos a desafiar, vamos a hacer un gesto político que no es nada más que eso y le dimos la portada al rostro de Alicia a ocho columnas toda la portada. Y eso generó una sensación, generó un espíritu de comunión, generó polémica, generó ilusión, generó emoción. Y eso es un festival. 

Un festival son las cien películas pero también es eso: decir “me identifico con ese espíritu, con lo que hay detrás de ese símbolo”. 

Me parece muy interesante tu reflexión. ¿Si tuvieras que elegir una imagen para el diario del festival que tenga una carga que represente el presente? 

Chuta. Yo pondría al Ministro Long diciendo que el festival es muy importante y que lo van a apoyar en la víspera de su traslado a la Cancillería. No bueno, eso tal vez no sé si sea el espíritu pero es una imagen que tengo muy presente. Cómo es la política ¿no? El Ministro reaccionó inmediatamente a nuestro anuncio de problemas financieros sintiéndose aludido. En lugar de decir sí, tenemos un recorte y nos da mucha pena pero tal vez este año no podamos ayudar a los EDOC, lo ayudaremos de otra manera. Con eso hubiera bastado pero sale a decir que “sí que a Manolo le ofrecimos, que sí, que sin duda”. O sea, ese sentirse acusado por un comunicado de prensa que en ningún momento era acusatorio sino que era una constatación de una situación de la cual incluso nos hacemos responsables porque —como te dije— asumimos  críticamente que esta incitativa tiene que sobrevivir más allá de los apoyos estatales y gubernamentales. Ese es nuestro desafío a futuro, porque el festival no se va a terminar.  Hay un colectivo detrás que lo va a defender.