Una fiesta contra el olvido, más que nunca imperdible: EDOC

• Mayo 18, 2016 •

¿Por qué no hay que dejar de ir al festival de cine documental más importante del Ecuador?

La película del italiano Gianfranco Rosi abre los EDOC15. Fotografía cortesía del festival.

Queríamos EDOC y habrá EDOC. Es una buena noticia en un país que se levanta de la tragedia del 16 de abril, cuando un terremoto de 7,8 devastó ciudades en la costa del Ecuador. Es una buena noticia en un país que sufre, también, una crisis económica que se agrava día a día. Una crisis que, además, puso en riesgo al festival de cine más importante del Ecuador, y uno de los referentes de la región. Pero, contra la crisis y dedicado a las víctimas de los terremotos, el festival Encuentros del Otro Cine estrena hoy en Quito.

Del EDOC de este año se podría hablar en números, pero es mejor hablar de encuentros e historias. Para Manolo Sarmiento, el director de CineMemoria —la organización que ideó y lleva a cabo el festival— los EDOC son un espacio de encuentro: “El cine documental tiene una importancia cultural grande porque es un medio de expresión y de debate de ideas contemporáneas. El festival ha creado, en 14 años, un espacio de encuentro.” Un encuentro para vernos. Como país, como seres humanos, como el cúmulo de pequeñas decisiones que crean una historia. El cine documental tiene los efectos introspectivos que deja como secuela una tragedia, sin la tragedia. Por eso era un ejercicio que el país no podía perder. Por eso, los números —aunque importantes— son la parte menos brillante del festival. Sí, son 106 películas de 38 países, en la edición número 15, pero es algo más grande: un lugar para mirarnos en ese espejo que puede ser la pantalla grande.

Será un momento para celebrar a uno de los grandes cineastas documentales, el colombiano Luis Ospina. Ospina ha marcado la forma en que se hace cine documental: según la crítica Marcela Ribadeneira, su película Un tigre de papel es una influencia directa en uno de los documentales ecuatorianos más recientes, Un secreto en la caja de Javier Izquierdo. Pero Ospina ha dicho, también,  cómo no se hace: en el ensayo ¿Qué es la porno-miseria?, escrito junto a su colega Carlos Mayolo, hablaron por primera vez de ese género miserabilista, en el que la pobreza —la miseria— sirve como golpe de efecto para vender. No como denuncia, sino como gancho mercantil. Ospina hablará de ello —y tanto más— en  la clase magistral que dará el 22 de mayo. Han sido tantas las entrevistas que le han pedido los medios, que los organizadores tuvieron que armar dos ruedas de prensa fuera de programa para que todos tengan tiempo de hacer sus preguntas.

Hay otras joyas dentro del festival, que siempre elige con sumo cuidado su cartelera. Estará Últimas conversas, la película póstuma del maestro brasileño Eduardo Coutinho; también Fuocammare de Gianfranco Rossi, que ganó el Oso de Oro en la Berlinale de 2016 y que retrata la vida en la isla de Lampedusa, donde miles de refugiados intentan llegar para entrar a Europa, escapando de la pobreza y el horror de la guerra y el fanatismo. Fuocoammare será la función inaugural de hoy, en el teatro Capitol de Quito. El documental de una tragedia más grande y continuada abre el festival más importante de un país que intenta levantarse de una tragedia, sin olvidar a sus víctimas. El olvido es, tal vez, la más grande de las tragedias. El cine documental es un antídoto contra ella. Y el EDOC son una fiesta contra el olvido.

Esta madrugada hubo la réplica más fuerte del terremoto. Fue como si la Tierra le quisiera recordar a un país que lentamente vuelve a su normalidad, que la devastación sigue, que hay mucha gente cuya vida no se va a arreglar con solo esperar que el tiempo corra. Me pregunté cuántos cineastas deben haber grabado en los días posteriores al terremoto, cuántos siguen documentando hasta hoy. Sé que hay por lo menos uno en Manabí. Me di cuenta que en unos años, en un EDOC futuro, veremos el espejo de estos días en esa pantalla. Estaremos, estoy seguro, ante la memoria de lo que pasó esa tarde triste del 16 de abril de 2016, pero sobre todo la memoria de lo que pasó después. Es difícil saber cuál sera, pero solo hay dos escenarios posibles: uno en que las donaciones disminuyeron, los voluntarios se cansaron, y el Estado volvió a fallarle a pueblos que ya eran pobre entre pobres ante de la catástrofe. La otra posibilidad es que la memoria que veamos sea la contraria. Sin duda, habrá miles de pequeñas historias que entren en los espacios que hay entre esos dos universos antónimos. Pero lo importante, más allá de intentar jugar al oráculo, más allá de los pronósticos, es que esos cineastas están ya grabando lo que pasa. Y ahí es cuando uno entiende la importancia de los EDOC, cuando entiende por qué hay que ir a encontrarse en los EDOC, por qué no deberían acabarse nunca los EDOC y por qué los dieciocho mil espectadores que tuvieron el año pasado deberían doblarse, triplicarse, multiplicarse por diez: será en los Encuentros del Otro Cine donde vayamos a ver esa memoria. Hoy arranca un festival imperdible.