Galápagos 360°

• Enero 20, 2014 •

¿Es posible visitar el archipiélago más importante del mundo sin poner un pie en él?

Rodeado por vapor y piedras, en el interior del volcán Sierra Negra en la isla Isabela, en las Galápagos, Daniel Orellana tuvo una epifanía. “Estar dentro de una estructura activa que es capaz de modificar la geografía de la tierra me brindó un éxtasis absoluto”, cuenta vía Skype desde su natal Cuenca. Daniel, un biólogo con un doctorado en geoinformación, divide su tiempo entre su ciudad y el archipiélago en el que Darwin desarrolló la teoría de la evolución. Cuenta que dentro del volcán la ruta no estaba demarcada. El cielo, como en una tarde lluviosa, estaba gris. No eran nubes sino fumarolas de azufre. Daniel caminaba entre las rocas. Dice que lo guiaba su instinto. Estaba solo dentro del volcán. Se había internado en su cráter de diez kilómetros de diámetro para recoger imágenes de un sitio inaccesible para los turistas. Su única compañía era el trekker, una mochila que parece sacada de un relato de ciencia ficción. Es rectangular y tiene una pantalla en la espalda, un tubo que supera la altura de la cabeza y sobre él tiene una esfera con quince cámaras apuntando a distintas direcciones. El aparato, con GPS, tomaba fotos cada dos segundos y medio. Pensar que no había nadie a decenas de kilómetros le oprimía el corazón. Estaba tan absorto que olvidó encender su radio. Arriba, justo al borde del cráter, lo esperaba ansioso un equipo de expedición y otro de filmación que registraba el proceso de la toma de fotografías. El equipo empezó a preocuparse porque, además de no verlo por la abundante bruma, tampoco lo escuchaban. Cuando Daniel encendió el aparato y se reportó avergonzado por el despiste, sus compañeros rieron aliviados.

Para llegar hasta el volcán, había cabalgado junto a un equipo de expedición durante cinco horas. Todo ese esfuerzo para obtener fotografías inéditas. Daniel tenía claro su objetivo: captar imágenes que podrían ser vistas por millones de personas de todo el mundo, incluso cincuenta años después. Las fotografías servirían, también, para comparar cómo han cambiado los paisajes de las islas.

Daniel no pudo encontrar el camino que le dijeron que había dentro del volcán. Los guardaparques del Parque Nacional Galápagos que patrullan el Sierra Negra le habían dicho que lo busque. También le aconsejaron que no se deje alcanzar por el vapor de azufre y que procure no perderse. “Salir de allí” –le adviriteron los rangers ambientales– “es bastante complicado”. La emoción le ganaba a ese temor. El pensamiento que lo tranquilizaba en ese instante era que luego compartiría con el mundo esas imágenes.

 

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La aventura de Daniel comenzó en mayo del 2012. Un equipo de Google contactó a la Fundación Charles Darwin de Galápagos, el referente de investigación científica de las islas desde hace 55 años. Daniel trabaja ahí como coordinador de investigación en Sistemas Humanos y se encarga de estudiar la interacción entre las personas -población local y los visitantes- y las áreas protegidas, urbanas y agrícolas del Parque Nacional Galápagos. Él, a través de estos estudios, genera información científica que influye en la toma de decisiones y las políticas de conservación, de desarrollo sostenible y manejo del turismo de las islas. El trabajo de la Fundación fue conocido por Google Earth Outreach, una división del gigante del internet que ofrece a organizaciones sin fines de lucro y de beneficio público, los conocimientos y recursos necesarios para exponer su causa y divulgar su trabajo en Google Earth y Google Maps. La compañía se interesó por el trabajo de investigación y conservación de la Fundación y le pidieron que presente una propuesta sobre cómo involucrarse con la empresa. Daniel y sus colegas se reunieron para analizar los recursos que la empresa les ofrecía. A él lo nombraron representante de la Fundación frente a Google.

Daniel conoció el trekker en octubre del 2012. Había sido invitado a Mountain View, California, donde funcionana las oficinas de Google. Ahí se reunió con los ingenieros de los servicios de Google Earth, Google Maps, Google Crisis Management y Street View. Esa mochila de astronauta futurista le pareció la idea más interesante para Galápagos: era la que impactaba menos al frágil ecosistema. Él, biólogo y especialista en geoinformación, siempre se interesó por las relaciones entre las personas y el ambiente. Esta era la oportunidad para observar una interacción virtual del turista con el entorno: por dónde caminan, dónde se detienen, cómo pasean. Su interés por la ciencia, desde hacía años, le había hecho entender lo importante que era conocer con más exactitud el patrimonio natural disponible. Él estaba seguro que las imágenes que captaría con el trekker cumplirían ese objetivo.

Según la revista Science, Galápagos es una de las áreas protegida irremplazables que tiene el planeta. La publicación –que difunde las noticias de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia– había hecho esa lista apenas unos meses antes de que Daniel visitara Google. Los Ghats Occidentales de la India y el Parque Nacional Manu en Perú también están incluidos en la lista. Daniel creía que el mensaje de una revista especializada –con lenguaje complejo y leída por un grupo muy reducido– debía ser llevado a una plataforma accesible y más amigable para todos como el internet y las herramientas que Google ofrece, en la que comprendan la relevancia de este lugar. La idea, según Daniel, es acercar a Galápagos a más personas que por la distancia y el costo no pueden llegar hasta ellas.

 

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Galápagos 360 son dieciséis proyectos basados en las imágenes georreferenciadas –con información de dónde fueron tomadas- que los cuatro equipos de expedición han captado con los trekkers. Así como Daniel, empleados de Stree Viewer y de la Fundación Charles Darwin utilizaron estos aparatos. Tiene fines turísticos, conservacionistas y educativos. Entre mayo y junio del año 2013 comenzaron con la fase piloto. Se dividieron en tres equipos: uno terrestre, otro bajo el agua y el último para la línea costera. Para comenzar, se eligieron cuatro islas. Isabela, San Cristóbal, Seymour Norte y Santa Cruz.  En cada una de ellas escogieron sitios turísticos populares y otras zonas inaccesibles para los visitantes para que así conozcan lugares que de otra manera no podrían. En Isabela, el volcán Sierra Negra, bahía Cartago, los humedales y los túneles del amor. En San Cristóbal, Galapaguera del Cerro Colorado, Centro de Crianza de Tortugas Gigantes, Punta Carola y el Centro de Interpretación del Parque Nacional. En Seymur Norte, el descanso para aves marinas y en Santa Cruz, la estación Charles Darwin –el centro de investigación de la Fundación-.  Allí se tomaron fotografías de las habitaciones donde se guardan las colecciones científicas a las que no hay acceso turístico por la fragilidad de las piezas. El equipo terrestre fotografió el herbario, la colección de vertebrados –esqueletos y animales disecados– y de invertebrados para mostrar parte del trabajo de investigación de la Fundación.  

El equipo de la zona costera bordeó las islas para captar las áreas que condensan los ecosistemas más ricos y frágiles porque ahí se concentran poblaciones de animales como los lobos marinos, los piqueros patas azules y las fragatas. El grupo submarino fotografió la fauna y flora de las profundidades. Uno de los lugares más especiales para Daniel fue llegar hasta el Cerro Cartago, un sitio que no está abierto al turismo. Ahí vive una gran población de iguanas terrestres y sus periferias están cubiertas por lava y rocas volcánicas. “Al llegar fue como un oasis” recuerda el biólogo. Cada equipo de recolección de imágenes en los diferentes puntos de las islas estuvo acompañado por un grupo de videógrafos y realizadores de Google Earth que filmó el proceso. Por eso, cuenta Daniel entre risas, había acciones o frases que repitió frente a la cámara para que quede registro y sirva para el video que se publicó el año pasado. Luego de diez días de recolectar las imágenes con los trekkers en las diferentes zonas de las islas, se procesaron de tal manera que quedaron unas panorámicas con la posibilidad de acercarse sin distorsionarla.

De las fotografías procesadas empezaron a surgir los proyectos. Darwin for a Day es una aplicación para jugar a ser Charles Darwin explorando las Galápagos. El usuario va identificando las especies de fauna y flora de las islas en las siete mil imágenes que juntas conforman paisajes. Funciona como si se estuviera caminando o navegando alrededor de las islas, en el caso de las tomas costeras. La aplicación tiene una libreta virtual en la que el usuario puede anotar lo que encuentra: ofrece opciones de taxonomía, desde las más sencillas, como decir que es una planta, hasta las más complicadas como apuntar el nombre científico. La información se registra en la Fundación y así se genera una gran base de datos construida por turistas virtuales de todo el mundo.

Charles Darwin llegó a Galápagos por primera vez en 1835. Desde esa fecha existen registros sobre especies y estudios pero nunca, hasta hoy, hubo un censo completo para saber cuántos animales y plantas hay en las islas y dónde están ubicadas exactamente. La mayoría de datos que existen son el resultado de campañas y censos específicos hechos por la Fundación y  la Dirección del Parque Nacional Galápagos. El proyecto con Google intenta llenar esos vacíos. En 2014, la aventura de Daniel continuará en otros puntos de las Galápagos como las islas Bartolomé y Santiago. Dice que el alcance del proyecto no está dimensionado y espera que, en un futuro no muy lejano, reemplace a libros, fotos o presentaciones de powerpoint en las aulas de escuelas y colegios. Daniel cree que debe servir como material para nuevas investigaciones. A Daniel Orellana lo entusiasma no solo eso, sino la interacción de los internautas con las Galápagos: “Más que la información que se pueda mostrar, me interesa las posibilidades que puede despertar en la gente. Cualquier persona en el mundo puede contribuir al conocimiento de Galápagos”. Aprender sería una experiencia revolucionaria: desde cualquier parte del mundo ya se puede recorrer algunas de las islas. Sin estar en ellas, es posible caminar una de las áreas protegidas irremplazables en el mundo.