El hombre que vivió para contar

• Diciembre 22, 2014 •

Dante Reyes, el Cuentero de Muisne, es el con man más conocido del Ecuador. La historia de su vida parece una de sus mentiras: grandilocuente, exagerada, tragicómica.

1.

Una soleada mañana de febrero de 1939, Genaro Reyes cabalgaba por una playa esmeraldeña llamada La Mancha cuando vio un paquete que relucía como un espejismo a la orilla del mar. Se bajó del caballo y lo abrió casi impulsivamente: era una copia de La Divina Comedia, de Dante Alighieri.

Cuando volvió a su casa le dijo a Delfina, su esposa embarazada, que Dante sería el nombre de su cuarto hijo. A ella le gustaba Sigifredo. El 1 de julio de ese año nacía en la maternidad de Esmeraldas, Sigifredo Dante Reyes Moreno, un niño curioso, inquieto y amante de la naturaleza. Dante creció en Muisne, en el norte de Ecuador, y fue cleptómano de nacimiento. A los seis años ya guardaba en su bolsillo las figuritas de colección que no eran suyas: soldados, marineros, karatecas, súper héroes. Desde entonces se perfilaba su vocación de cuentista. Dueño de una imaginación privilegiada, le gustaba inventar historias en las que siempre era el protagonista.

2.

Dante tiene un talento innato para el verbo. Asegura que se palabreó su camino hasta conseguir un diploma de ingeniero agrónomo en la Gran Casona de Guayaquil.  Allí conoce a su inspiración, el ser que, sin saberlo, lo impulsaría a cometer sus primeros engaños a gran escala.  Romano, un joven blanco de apellido italiano, anda en autos caros, vive rodeado de chicas, y usa ternos costosos, hechos a medida. Romano, guapo y labioso,  desata en Dante -medio patucho, montubio y robusto- un sentimiento que oscila entre la envidia y la admiración.

Y entonces sucede. Roba un cheque de su amigo cubano Evelio Sintey, se hace pasar por él en el banco, y usa su charm para embaucar a la cajera. Al día siguiente, utiliza el dinero para comprar seiscientos quintales de azúcar, un atraco inocente para lo que vendría después.

3.

Dante entiende la importancia de las apariencias. Si quieres engañar al rico, debes parecer rico. El rico no duda de nada que le diga otro rico. Y en eso Dante Reyes es impecable, se jacta de nunca haber robado a un pobre. Se hospeda en hoteles de lujo, se manda regalos caros y hace que se los entreguen en el lobby, a la vista de todos. Finge que son obsequios de empresarios y socios. Sale a comer en los mejores restaurantes de la ciudad, peinadito y bien vestido. Aprendí mi verbo fluído en la Universidad de la vida.

En 1966 se hace pasar por el hijo del presidente de Costa Rica, José Joaquín Trejos, y se hospeda en el Hilton Colón de Quito. Fabiola Arosemena, hija del entonces presidente ecuatoriano Otto Arosemena, lo desenmascara. Pero es un tipo con suerte, y logra zafar con apenas una advertencia y un leve bochorno frente al staff del hotel.

Ese mismo año alquila una avioneta y lleva a dos empresarios coreanos a sobrevolar camaroneras en Esmeraldas. Les asegura que es el dueño, les muestra el producto (unos camarones inmensos que hacen que los coreanos abran los ojos como platos y griten, entusiasmados, en su idioma natal) y los convence de invertir cuatrocientos mil dólares. Recibe un adelanto y desaparece sin dejar rastro. 

Hay que arriesgar para cruzar el río.

4.

La proporción de sus engaños se multiplica: Reyes no le teme a nada. Quienes lo conocen desde chico saben de su astucia y su capacidad de convencimiento. Tiene un vocabulario extenso, que cultiva leyendo muchísimos libros, su pasatiempo favorito. Su primer álter ego se llama César Temistocles Flor Yela. Con ese nombre trafica cocaína a Perú y se casa con Lucila Santos, una mujer que desconoce por completo la verdadera identidad de su marido. Cuando se entera, lo obliga a casarse de nuevo, con el nombre real. 

Se hace pasar por un empresario venezolano, por un ingeniero agrónomo, por un sacerdote vasco. Dante Reyes es un performer, sabe imitar acentos y manierismos. Observa a la gente que tiene plata y copia su actitud, su desparpajo, su pedantería. Y por dentro se ríe. Engañar es su venganza. Mide apenas 1,60 pero gracias a la confianza que proyecta parece un hombre que se engrandece y se ensancha, y luce como de dos metros. Tiene la convicción de que merece todo lo que consigue, y no siente un ápice de culpa. Paradójicamente, la falsedad en los otros lo saca de quicio.

A sus engaños los llama "quiquirimiaus" y los cubre con un barniz de inocencia. No mata, no asusta, no es violento. Este es mi trabajo, una faceta de mi vida. Pero yo siempre actúo con la verdad.

5.

A finales de los setenta, irrumpe en una reunión de negocios maquillado para acentuar sus facciones orientales y chantado un kimono. Se presenta como Dante Makoto Chi Bolo. Logra que lo nombren presidente de una empresa bananera con un salario de siete mil sucres cuando el básico era 120. Vende una calle peatonal de Urdesa a una pareja de guayaquileños que pensaba que estaba pagando la primera cuota de su nuevo terreno. Al poco tiempo lo denuncian y va preso. Comparte celda con el expresidente Carlos Julio Arosemena. Inventa que tiene acceso a un túnel para escapar de la cárcel y cobra a presos ilusos el derecho a usarlo.

Sería la primera de muchas temporadas en la cárcel: estuvo en cana veinticuatro años a lo largo de su vida.

6.

Llega su gran golpe, la más grande de todas las hazañas. George Parker vendió el Brooklyn Bridge; Victor Lustig, la Torre Eiffel. Y Dante Reyes, la Torre Morisca de Guayaquil. Por apenas seis mil dólares.

Corre el año 1980. Dante vive de sus quiquirimiaus desde hace por lo menos dos décadas. Pasa el día en el Malecón de Guayaquil, caminando con el radar encendido para atrapar turistas incautos. La torre, que alberga en su cúpula el Reloj Público de la ciudad, es la trampa perfecta. Se para en la entrada y espera. Una pareja de suizos cae en sus redes. Le preguntan por el monumento y él jura ser el dueño, mientras muy tranquilamente les hace un tour y les cuenta una increíble historia sobre la gran herencia familiar, la joya de la corona. Lamenta tener que venderla, pero se va a vivir a Japón. Lo dice así, al pasar, como quien no quiere la cosa. La mujer, maravillada con el monumento y coleccionista de antigüedades de todo el mundo, muerde el anzuelo. Le entregan un adelanto y al día siguiente se ubican en la cúpula como Juan en su casa. La policía llega a desalojarlos en menos de veinticuatro horas. La historia recorre el mundo en la era preinternet.  Yo qué culpa tengo si ofrezco y me compran.

Nace la leyenda del Cuentero de Muisne. Cuentan que cometió atracos en Uruguay, Filipinas, Holanda, Canadá. A Dante le gusta ese apodo. Es un homenaje a su ciudad: Muisne significa abundancia.

7.

Dante Reyes es un mago escapista. Se fuga cuatro veces de la Penitenciaría del Litoral, dos veces del ex Penal García Moreno y de las cárceles de Esmeraldas, Portoviejo, Quevedo y Vinces. En 1975, aprovecha la llegada de doce monjas a la cárcel de Quito. Aparta a una, le cuenta que su madre está enferma, en etapa terminal, y que necesita verla. La monjita le entrega sus hábitos. El Cuentero se depila, se coloca el atuendo y sale por la puerta grande con toda la naturalidad del mundo. Escapa sentado en la buseta, detrás de la madre abadesa.

Se refugia en un pueblito de Azuay, convence al cura parroquial de ser un sacerdote y llega a celebrar matrimonios y bautizos durante tres meses. Se marcha porque con las limosnas apenas le alcanza para vivir.

Se disfraza de guía penitenciario, de basurero, de sacerdote. Logra escapar de prisión diecinueve veces a lo largo de sus cincuenta años como engañifa profesional. Cultiva una reputación entre los presos y se gana su respeto. Nadie jode al Cuentero de Muisne. Mis armas son la lengua y el cerebro, no hace falta nada más.

8.

Su declive llega en el 2005. Lo acusan de asesinar a un hacendado de Santo Domingo para robarle su camioneta y lo sentencian a veinticinco años de prisión. Dante Reyes presume de su inocencia hasta el final. Da entrevistas, vive de la leyenda que él mismo construyó. Jura que está escribiendo un libro de memorias: Yo, Dante, lo vivido. Todos lo quieren.

"Sabe cómo tratar a la gente. Me ha impactado la confianza que tiene en sí mismo. Pese a que está privado de la libertad es un hombre seguro de lo que es, hasta cuando conversa. Es una persona abierta a todas las cosas, no se inhibe como el resto de privados de la libertad. No tiene complejos", asegura el director del Penal García Moreno.

No tiene complejos. Ese es el secreto de su éxito.

9.

"El cuentero de Muisne tenía una bomba en el corazón", titula el diario El Telégrafo el 16 de diciembre de 2013. Dante Reyes muere a los setenta y cuatro años debido a un aneurisma en la principal arteria cardíaca.  Jamás pudo cumplir su sueño de jubilarse rodeado de nietos en una casita al pie del mar. Muisne entero lo llora. Allí no era un criminal, sino un genio incomprendido: su propio antihéroe.